Por: Ricardo RoaAcá hay algo que no cierra. El nudo de la demanda argentina ante La Haya fue que Botnia contaminaba y debía ser trasladada. El Tribunal dijo que hasta el momento no hay prueba alguna de contaminación ni, por lo tanto, motivo para que deje de funcionar. Sin embargo, para la Presidenta "el fallo demuestra que teníamos razón". Eso es lo que no cierra.
El Gobierno también dice que acatará el fallo. ¿Podría hacer otra cosa si fue el que recurrió al Tribunal? El problema es que no lo acatan los asambleístas, que desde noviembre del 2006 bloquean el puente con el discurso de la contaminación. Mantenerlo cortado es desoírlo. Y eso es lo que ratificaron anoche.
El canciller Taiana les dijo que "el corte no ayuda" y les pidió "reflexión". Es lo más fuerte que se animó a decir. Y como si esta historia recién hubiera comenzado, Aníbal Fernández afirmó que el tema "está en pleno análisis" y que "se seguirá trabajando para encontrar una solución". El análisis ya consumió cinco años y la solución no aparece.
Al Gobierno no le resulta fácil escapar por la tangente: todo este tiempo toleró y hasta fogoneó el conflicto. Kirchner llegó a decir que la de los asambleístas era una "causa nacional" y que lo de Botnia era "una puñalada al pueblo argentino".
Ahora, el kirchnerismo debe encontrar los argumentos contrarios. Y lo más pronto posible: si nada cambia, en una semana Cristina se reunirá con Mujica con el puente cortado.

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