"El agua-delito, como yo la denomino, es la irracional ocupación del recurso que hacen algunas actividades productivas, como la minería, que no son legítimas y que ponen en riesgo la vida humana. En Europa es un crimen contaminar el agua".
En su encendida alocución, Arrojo Agudo también enfatizó en que "las grandes compañías mineras eligen países débiles y de democracias frágiles, porque son fácilmente corrompibles. Por lo general, optan por comunidades socialmente disminuidas y que hasta incluso las desplazan para llevar adelante su explotación". Y agregó, "irracionalmente los seres humanos destruimos la calidad del agua y luego pagamos para remediar esos efectos. El valor de una napa freática, de un glaciar, de un río es enorme, es demasiado grande como par ponerle un precio pero sin embargo aquí estamos, permanentemente poníendolos en riesgo".
Lo que plantea este experto español, es que la "desmesurada" actitud del hombre por saciar sus múltiples necesidades mundanas -tecnología, comodidad, etc.- han dejado en un segundo plano el cuidado racional de los recursos. En este sentido, apuntó a que "no vale la pena tener un importante stock de oro para satisfacer la sed de ostentación de unos pocos y que a cambio, se destruya el medio ambiente".
La experiencia de Arrojo Agudo transita entre los dos extremos de una de las tensiones fundamentales que acosan al mundo moderno: la tensión entre la ecología y la economía. Aquí se refiere al "agua-economía", en alusión a que el mundo demanda recursos al mismo tiempo que crece. "La economía, entonces, entiende de los ritmos y ciclos del mercado, que generalmente son más rápidos que los ciclos de regeneración de la naturaleza", concluyó.
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