Secuestraron elementos clave en la casa de Martínez Poch

El fiscal encabezó el allanamiento, del que participó la abogada Vanessa R. Hallaron medicamentos y soportes informáticos.
Los policías no imaginaron, aquel lunes a la tarde, que la mujer que los recibía en el departamento segundo B del edificio de 23 entre 58 y 59, estaba abriendo mucho más que una puerta. En ese mismo acto la abogada Vanessa R. abría una ventana a su infierno privado y al de otras mujeres que se atrevieron a hacerlo, incluso, las dos hijas del principal protagonista y acusado en esta historia: Jorge Cristian Martínez Poch (49). Once días después los policías volvieron al departamento, pero esta vez junto a Vanessa R.; su padre Eduardo; el fiscal Marcelo Romero y peritos de Policía Científica. El allanamiento tuvo como objetivo levantar evidencias, cotejar el escenario con las descripciones testimoniales y también recuperar las pertenencias que la abogada dejó allí cuando la rescató la DDI, el 23 de septiembre pasado. La diligencia comenzó alrededor de las 10.30 de la mañana de ayer y terminó cinco horas más tarde. Para entonces, el juez Jorge Moya Panisello había aceptado uno de los pedidos que el jueves le formuló Romero: sumarle al imputado los cargos de “abuso sexual con acceso carnal calificado por la duración y las circunstancias de su realización”, contra Vanessa R. Así las cosas, Martínez Poch será indagado hoy por tercera vez y el lunes la fiscalía decidirá si reitera bajo la nueva carátula el pedido de prisión preventiva, o pide prórroga para sumar nuevas evidencias. El acusado, alojado en la alcaidía Roberto Petinatto, de Olmos, será trasladado a los tribunales a eso de las 8 de la mañana. Luego de que se entreviste con su defensor oficial se sabrá si acepta declarar, como lo hizo la primera vez, o prefiere guardar silencio, como hace una semana. Su situación procesal es cada vez más compleja: con los delitos que le imputan podría recibir una pena de hasta 50 años de cárcel. Y lo obtenido en el registro de ayer, a juzgar por los dichos del fiscal, podría hundirlo todavía más. La duda que surgió en las últimas horas es si alguien más está preocupado por lo que había en ese departamento que el padre de la víctima calificó “del infierno”, ya que los vecinos denunciaron haber visto ingresar a otras personas y había un gran desorden, por lo que no descartan que uno o más intrusos “se hayan llevado algún elemento de prueba”. La cama en el living Más allá de esa inquietante sospecha, Marcelo Romero aseguró que en el domicilio allanado “hemos secuestrado importante material para la causa y la justificación de la cautelar solicitada”. Se refería al pedido de prisión preventiva que planteó el jueves bajo la carátula de “privación ilegal de la libertad doblemente agravada por la violencia y amenazas con las que se cometió”, por los padecimientos que habría sufrido Vanessa R., “en concurso real con corrupción de menores agravada por violencia, amenazas, intimidación, coerción y el vínculo de parentesco, y abuso sexual gravemente ultrajante para la víctima”, por los ataques denunciados por las dos hijas de Martínez Poch. De hecho, los peritos tomaron fotografías de un “detalle” que confirma que estas jóvenes de 19 y 20 años no mintieron en su declaración: la cama de su padre está en el living, pese a que el departamento tiene una habitación. Aunque el fiscal prefirió no abundar en detalles sobre el material incautado, trascendió que se trata de prendas de vestir, analgésicos, varios pendrives y soportes informáticos. Nadie confirmó si en ellos existen registros de los abusos perpetrados contra Vanessa R. y otras denunciantes. Es que en las últimas horas circuló fuertemente el rumor de que habría filmaciones o fotos en las que aparecen “otras personas”, lo que le da sustento a la teoría de que alguna de ellas pudo estar interesada en “sacar de circulación” ese material. Será la Justicia la que confirme o descarte estas especulaciones. Lo que sí ratificó Romero es que los elementos encontrados “complican a Martínez Poch” y que Vanessa R. mostró “una gran valentía y entereza” al prestarse a esta diligencia, con “un deseo de colaboración absoluto”. “No more” Con el pelo recogido, anteojos y más delgada, la abogada permaneció junto a su padre Eduardo y su abogado, retirándose algunas horas después, visiblemente quebrada. Un rato antes había sufrido una descompensación, por lo que recibió la contención de una vecina que la ayudó varias veces durante los días en los que convivió con Martínez Poch y declaró como testigo en la causa. Esta mujer denunció que el imputado la amenazó de muerte para evitar que siguiera “entrometiéndose” en su relación y que hasta llegó a escribir “no more” en la puerta de su departamento.

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