El sargento atravesaba una crisis de pareja y temía perder el trabajo

El sargento atravesaba una crisis de pareja y temía perder el trabajo
La esposa del custodio Jorge Villagra declaró en la Justicia que había descubierto otra infidelidad de su marido y decidió terminar su matrimonio. El tenía miedo de que lo echaran si eso se sabía.

La fatal decisión de quitarse la vida que tomó el custodio y chofer del gobernador Francisco Pérez tenía de trasfondo una profunda crisis matrimonial, en la que se mezclaban dos supuestas infidelidades suyas, violencia psicológica y su temor por perder el puesto de trabajo. Según declaró su esposa, a raíz de sus desavenencias y de anteriores amenazas suicidas, ella le aconsejó que comenzara un tratamiento psicológico, que él hizo en secreto –sólo por un mes– sin que supieran de eso en el Ministerio de Seguridad.

Pocos minutos después de que se conociera que el custodio Jorge Villagra (35) se había efectuado un disparo en la sien estando en el auto oficial del que se había bajado hacía instantes Paco Pérez en la Casa de Gobierno, personal de Asistencia al Policía llegó hasta su casa, en Las Heras, para buscar a su esposa y darle la tremenda noticia. En ese momento, Silvia no estaba porque aún no regresaba de su trabajo. Llegó poco después y al ver un puñado de móviles en su casa supo que algo malo había ocurrido.

Horas más tarde, luego de visitar a su marido que agonizaba en terapia intensiva del Hospital Central, ella se presentó en la Oficina Fiscal Nº1 de Ciudad para declarar lo que había ocurrido entre ellos en las últimas horas y también precisó detalles de su conflictiva relación de pareja.

“Ella contó que había descubierto una segunda infidelidad de su marido y que por lo tanto decidió dar por terminada la relación, y así se lo hizo saber en una comunicación telefónica que mantuvieron cerca de las 13.30”, confió un investigador de la causa.

Aparentemente, la determinación de Silvia fue tan tajante que hasta le habría dicho a su marido que no regresara a su casa ni siquiera a buscar su ropa, porque se la enviaría a la casa de su padre.

Al parecer, esa discusión telefónica duró algunos minutos y se cortó abruptamente. En el momento, Villagra habría llamado insistentemente a su mujer sin lograr que ella le atendiera el celular. Esos intentos por comunicarse se repitieron durante varios minutos, pero no consiguieron su propósito.

Supuestamente, ese asedio y algunos antecedentes de violencia psicológica de los que la mujer dejó constancia en su declaración la llevaron a que poco después de las 14 decidiera llamar al 144, que es la línea de asistencia a las víctimas de violencia de género. Allí habría pedido asesoramiento para saber cómo reaccionar en esa situación.

Obviamente, esa llamada quedó registrada, y los investigadores del caso también solicitaron la grabación para corroborar el contenido del pedido de la mujer y además secuestraron el celular del policía para chequear las últimas comunicaciones.

Ya cerca de las 15, el custodio de Paco Pérez volvió a llamar a su esposa y ésta vez ella lo atendió. “En ese momento él le habría dicho que no se preocupara, que no la iba a molestar más y que ya había decidido qué hacer, que cuidara a los chicos (por sus tres hijos) y que la amaba”, apuntó una fuente que trabaja para esclarecer cómo se produjo el hecho.

Supuestamente, como esa habría sido su reacción habitual ante discusiones anteriores en las que ya había amenazado con quitarse la vida, su esposa no le dio mayor entidad y recién supo de la fatal decisión de su marido cuando regresó a su casa.

Fue al psicólogo en secreto

Según los dichos de la esposa del Sargento Villagra, el matrimonio que los unió durante casi 15 años había atravesado varias crisis y, en esos vaivenes, aquél había amenazado con quitarse la vida si se rompía la pareja.

“La crisis que atravesaban databa de mucho tiempo y, en medio de eso, su mujer le aconsejó que comenzara un tratamiento psicológico, algo a lo que él se negó en principio, pero finalmente lo inició en julio. Sin embargo, mantuvo ese tratamiento siempre en secreto y lo abandonó un mes después, a principios de agosto. Eso sólo se supo puertas adentro de su casa, porque él sabía que si se enteraban en el Ministerio de Seguridad le iban a quitar el arma y eso significaba perder el puesto de trabajo, igual que si se sabía lo de su infidelidad”, explicó uno de los investigadores de la causa.

Según confirmaron desde el Ministerio de Seguridad a Diario UNO, Villagra se había hecho un examen psicofísico entre marzo y abril, y otro a mediados de este año, y en esos controles nunca se informó nada extraño.

Nadie pensó que tomaría esa decisión

La trágica decisión tomó por sorpresa a los compañeros de trabajo de Jorge Villagra, ya que –según señalaron en sus declaraciones– nunca imaginaron que podría llegar a hacer algo así.

Según comentaron sus allegados del equipo de custodios, ese día él llego a trabajar puntualmente a las 7 y durante su jornada laboral no detectaron en él ningún comportamiento extraño que los llevara a pensar que estaba atravesando una crisis matrimonial.

“Aparentemente él ha cumplido al pie de la letra sus tareas y mientras esperaba al gobernador en medio de sus actividades se comunicaba con su esposa o intentaba hacerlo”, señalaron desde su entorno laboral.

Tan imperceptible mantuvo la depresión que lo embargaba, que ni Paco Pérez ni sus compañeros custodios con los que habló al llegar a la Casa de Gobierno notaron algún indicio que los hiciera pensar en lo que iba a hacer minutos después.

Sin embargo, todo hace suponer que tenía la decisión tomada desde al menos un par de horas antes, porque se hizo tiempo para escribirle ocho cartas a su familia.

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