Un grupo de 7 africanos llegó al país con las manos vacías a probar suerte. La provincia les abrió las puertas y lograron un bienestar económico.
Hoy, aunque no se conocían anteriormente, ya que llegaron cada uno por su lado, se consideran familia: comparten el trabajo, se reúnen periódicamente para compartir un asado y otros hasta conviven para aminorar los gastos.
“Pensé mucho antes de abandonar mi familia, mi tierra, pero la situación económica casi me obligaba a salir de África. Un día, con mi hermano decidimos viajar a la Argentina porque ya nos habían dado referencia del país. Y no nos equivocamos. Ahora estamos bien, podemos vivir. No es que el trabajo sobre pero si hay lo suficiente como para decir que estamos bien y contentos”, aseguró Ale, quien se gana la vida con la venta de bijouterie.
Mientras que Ass, también oriundo de Senegal explicó que él llegó hace un año a esta provincia, aunque ya pasó por casi todo el país.
“En Santiago la gente se acerca a comprarnos. Es otra cosa. Hay más oportunidades de vivir un poco mejor. Si dejé Senegal fue porque quería crecer y allá hay crisis económica, pero sé que volveré porque estamos bien de dinero, pero se extraña las raíces”, reflexionó Ass.
Comentá la nota