En Santiago hay familias enteras traficantes de drogas

Padres, hijos, tíos y sobrinos y hasta nietos trabajan en el “negocio”. Cada uno cumple funciones diversas, desde el contacto con un distribuidor que recibe la mercadería desde Bolivia o Paraguay hasta la venta en quioscos, a la salida de los boliches y últimamente en las inmediaciones de las escuelas.
Todos la conocían como “Mecha”. Tiene 56 años y aparentaba ser un ama de casa más del barrio Juan Díaz de Solís. Hacía las compras en el almacén de la zona, conversaba con sus vecinas sobre temas cotidianos, como la suba del precio del pan o de la carne, y realizaba los quehaceres domésticos de la vivienda que había comenzado a habitar a principio de año. Sin embargo, cuando llegaba la noche, “Mecha” asumía el rol de líder de una organización delictiva que involucraba a todo el grupo familiar, integrado por sus tres hijos, dos mujeres y un varón, que se dedicada exclusivamente a la venta de drogas; no se le conocía a ninguno de ellos, una actividad laboral lícita.

Cuando el sol se ocultaba, niños, adolescentes, jóvenes y adultos, de distintos niveles sociales y tipos de vehículos, “peregrinaban” hacia el domicilio de la mujer que había logrado hacer de la comercialización de cocaína y marihuana, un medio de vida y el único ingreso económico familiar, hasta que la banda fue desbaratada por personal de la Brigada de la Seccional 45 de la Policía de la Provincia.

Pero no es el único caso. En los últimos meses, las policías Federal y de la Provincia, además de Gendarmería Nacional, lograron descubrir, luego de intensas y prolongadas investigaciones, que la venta de droga en distintos puntos de la ciudad capital y La Banda no era exclusivo de una sola persona de la casa allanada, sino que el comercio ilegal era compartido por varios o todo el grupo familiar. En este sentido, confiaron que otras investigaciones que se encuentran en marcha, también cuentan con indicios de una actividad ilícita con estas características.

Las ganancias por la venta de estupefacientes son abultadas. “Esta gente obtiene ilícitamente mucha plata en poco tiempo”, afirmó el jefe de la Dirección de Drogas Peligrosas, comisario mayor Miguel Sonzogni.

Lo que gana en un mes un empleado por un trabajo legal, los “dealers” pueden hacerlo en una semana o menos, de acuerdo con la cantidad de usuarios o consumidores que tenga en la lista de “abonados”.

“Las ganancias no sólo se obtienen de la venta, sino también del `estiramiento´ de la cocaína o marihuana, a través del agregado de varios productos, en la que se incluye lo que les permite a los dealers obtener más peso y más dinero”, reveló una fuente de la Policía Federal.

En las familias organizadas para delinquir, no sólo participan las personas mayores, sino también adolescentes y hasta niños, que son utilizados para servicios de delivery o traslado de la droga hasta los domicilios o lugar asignado por los consumidores. En este sentido, se detectaron menores de hasta 13 años, que cumplía alguna función en la organización.

Las investigaciones duran semanas y hasta meses para reunir pruebas contra los comerciantes de drogas y obtener una orden de allanamiento de la Justicia Federal. l

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