La salud manifestó su reclamo y enfermó de caos a la ciudad

La salud manifestó su reclamo y enfermó de caos a la ciudad
Los trabajadores nucleados en el gremio de ATSA y que brindan sus labores en las instituciones sanitarias privadas efectuaron bulliciosas protestas simultáneas en las puertas de los sanatorios y clínicas. Exigen el cumplimiento en el pago de un ascenso monetario en el orden del 32 por ciento. El tránsito se tornó imposible.
El diagnóstico se cumplió, el paciente padeció la enfermedad por promesas incumplidas y la epidemia se extendió por toda la ciudad. Ayer, transitar por el microcentro capitalino se convirtió en un verdadero pandemonio debido a los cortes de calles simultáneos que se propiciaron en las puertas de los principales sanatorios privados (nueve en total) llevados a cabo por el personal nucleado en la Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA) desde horas de la mañana hasta pasado el mediodía.

El motivo de la manifestación se relaciona con la exigencia de los sanitaristas para que se concrete el aumento salarial acordado en agosto pasado entre el sector y la Asociación de Clínicas y Sanatorios (ACS), tal monto fue confeccionado de manera escalonada por lo que se estableció una forma de pago con un ascenso del 32 por ciento. Así, la primera cuota a cancelar tuvo que haber sido pautada en ese mismo mes (el parámetro dinerario llegaba al 19 por ciento), luego en diciembre se efectivizaría otro pago del 8 por ciento para, finalmente, determinar en febrero la caducidad total de la deuda mediante el pago del restante 5 por ciento.

Sin embrago, este esquema no fue cumplimentado por la ACS lo que motivó un airado reclamo con las correspondientes medidas de fuerza adoptadas, que fueron en contra de la cotidianeidad comunitaria de los tucumanos.

"Acumulan dos meses en mora y están dejando vencer las cuotas restantes. No queremos padecer lo del año pasado, donde luego de ocho meses cobramos la paritaria de 2009. Exigimos que paguen lo que dice la ley y lo que ellos mismos firmaron", indicó el secretario general de ATSA, Reneé Ramírez, para describir el contexto en el que se encuentran inmersas las partes en conflicto.

Aristas de un mismo problema

Consultado sobre los argumentos que esgrimen desde ACS para no promover la liquidación, Ramírez, en medio de redoblantes, tambores y bombas de estruendo que despabilaban la mañana, recalcó que el problema se ha suscitado entre esa entidad y el Subsidio de Salud pues este último no propiciaría aumentos en los aranceles lo que posibilitaría engrosar las arcas necesarias para hacer frente al monto dinerario acordado. "Este es un problema entre ellos y los trabajadores quedamos en medio de esa disputa que a nosotros no nos incumbe, sólo queremos que cumplan con su palabra. O bien que cuenten con aranceles propios para cumplir con las obligaciones", insistió el sindicalista.

A su vez, Daniel Castro, secretario gremial de ATSA estimó que, debido al incumplimiento manifiesto, el nivel de afectación asciende a unos 5.000 empleados del sector privado, a los que se les adeuda una suma promedio de 1.200 pesos por cada uno.

En este sentido, Carlos Pesa, titular de ACS reconoció que su institución no cuenta con los fondos necesarios para acceder a los reclamos surgidos y estimó como una posible salida la actualización en los valores de las prestaciones por parte del Subsidio, instancia que hasta el momento se mantiene estancada por la renuencia de esta última entidad a conceder tal petitorio.

"Los trabajadores queremos que se compartan las ganancias como desde hace muchos años solamente venimos sufriendo en las pérdidas. El incumplimiento es irresponsable, no permitiremos que ahora ellos se declaren en quiebra. La cosa está muy compleja y anclada con el pretexto que no disponen de plata", destacó Ramírez, al tiempo de advertir que en caso de no arribar a una pronta resolución de este conflicto, la semana entrante puede concretarse una jornada de paralización en las labores del sector de la sanidad privada durante 48 horas, situación que se plegará a una presentación judicial por el incumplimiento contractual acaecido.

En la boca del lobo

En medio de todo este laberinto de exigencias y justificaciones, la ciudadanía bramó de bronca e impotencia. El caos que se suscitó en las arterias de la capital llevó a congestionamientos de tránsito en puntos clave de ingreso y egreso a la city, como en los casos de las intersecciones de calles San Juan y Maipú, Córdoba y Rivadavia o 9 de julio y San Lorenzo, donde no faltaron las agresiones e improperios verbales entre los propios conductores, ávidos por lograr sortear rápidamente las obstrucciones.

Esta situación pudo haber pasado a mayores en algunas oportunidades pues casi se produjeron accidentes viales que no pasaron más allá de roces, frenadas y bocinazos por doquier. Además, otra de las postales que se reflejaron fue la cantidad de motociclistas que debieron surcar, cual peatonal, las protestas llevando sus vehículos de a pie hasta encontrar la vía óptima para continuar con su recorrido normal. A lo que se sumó un contingente de turistas que intentaban llegar a un hotel de calle 25 de mayo, llevando a las rastras sus equipajes.

Lo que llamó la atención fue la nula presencia policial en las zonas conflictivas (incluso se llegó a impedir el paso a través de colectivos y camionetas que fueron atravesados en las calles), más allá del accionar de agentes de tránsito que intentaban en vano ordenar la descoordinación vehicular.

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