Lejos de la polémica con funcionarios e intelectuales K, el escritor disfruta de los paisajes y la gente de Salta.
Llegado en las primeras horas de la mañana junto a su esposa y un grupo de amigos, Mario Vargas Llosa apenas terminó sus obligaciones oficiales -se reunió a almorzar con el gobernador Urtubey- regresó al hotel Solar de la Plaza donde se aloja y salió a dar un pequeño paseo por la plaza Güemes de frente a la Legislatura provincial. En ese ínterin se acercó hasta el puesto de una diseñadora de joyas, Cristina, para preguntarle acerca de los árboles del lugar.“Por suerte había leído acerca de las araucarias y, en general, de los árboles que tienen las plazas de Salta, en su mayoría foráneos. Es una persona muy amable y culta. Yo de joven que leo sus libros y lo admiro mucho. Le pedí que se sacara una fotografía conmigo y eso llamó la atención de otras personas que estaban en la plaza que entonces comenzaron a acercarse cuando se dieron cuenta de quien se trataba. Así que se volvió y me dijo “Creo que no voy a poder. Mejor me voy a comprar una peluca”, cuenta Cristina emocionada. Muy amablemente, el premio Nobel de Literatura recibió a El Tribuno también en medio de una breve caminata. Su gesto de caballero permitió el diálogo. La visita de Vargas Llosa a Salta se suma a la de otros escritores esenciales de la cultura occidental que estuvieron en Salta como Arthur Toynbee, Leon Felipe, Salvador de Madariaga, Juan Rulfo y una larga lista a la que se deben sumar por supuesto los argentinos Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, entre otros.
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