Debió ganar y volvió como si hubiera perdido. Es muy poco probable lograr un buen equipo con muchos jugadores en pobre nivel
En el “cementerio de los elefantes” no se advirtió falta de actitud; la carencia estuvo en otros rubros. No hubo inteligencia ni solidez defensiva para sostener un resultado edificado desde la superioridad en el manejo de la pelota. Hubo un rato del segundo tiempo con un gran toque de Estudiantes. Y en esa faceta del juego es justo destacar la importancia de Marcos Gelabert. El “Pampa” fue eje de toda la distribución. Manejó los tiempos, acertó en las entregas y terminó sobrepasado por el ímpetu decoroso de un Colón que todavía le está agradeciendo a la Virgen de Guadalupe, patrona e Santa Fe, por el empate milagroso.
DE 4 A 2 A 3 A 3
Si hubiera facturado Jara a cinco del final, cuando tuvo una inmejorable oportunidad, probablemente los jugadores de Colón y Roberto Sensini todavía estarían parapetados en el vestuario local escuchando los reproches de su gente enardecida. Pero esto es fútbol y del casi 4 a 2 tan seductor, el “Pincha” pasó a un empate ácido, donde Jara es apenas un eslabón de la cadena de fragilidades.
El arquero Silva sigue sumando experiencia en base a errores (también tuvo un par de muy buenas intervenciones) y sólo hay dos caminos por tomar: bancarlo, dándole un apoyo explícito, o sacarlo. Ya no está Justo Villar, que no era patrimonio del club. Entonces, azotar al “Gorila” sería la opción equivocada. Hoy es el arquero titular y si de acá a Junio sigue recibiendo goles evitables, los encargados del área deberán actuar en consecuencia. Ahora tiene que seguir en el arco.
Esta transición nada agradable no terminará un día específico, se irá extinguiendo a medida que Estudiantes consiga recoger los frutos de una política deportiva que parece estar cambiando. Tenerles paciencia y saber esperar a Silva, Jara, Carrillo, Auzqui, etc. no es una alternativa criteriosa; es mucho más, constituye la ruta obligatoria para un club que ya se ha endeudado demasiado.
¿Y cuándo volverá a ganar? Esa es la repetida pregunta de los hinchas. Imposible pronosticarlo. Sumará de a tres cuando defienda mejor y, muy especialmente, cuando varias individualidades crezcan permitiendo que el funcionamiento colectivo luzca más confiable.
El entrenador seduce poco, es cierto, pero no irrita, se aleja de los focos de conflicto, tiene bajo perfil y no le ha temblado el pulso a la hora de tomar decisiones. No declama valentía para hacer modificaciones, simplemente las realiza. Por eso, vuelvo al interrogante inicial: ¿Es la solución que se vaya Cagna? Los problemas futbolísticos de Estudiantes si bien no dejan exento de responsabiliad al director técnico, van más allá de sus virtudes y defectos como conductor de grupo.
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