Ruta 45: Todo parece reencaminado; ojalá que esta vez... bueno, ya saben...

"¿Qué maldición sospechosa, que sospecha de maldición, o qué maldición o qué sospecha, a secas, pesa sobre ese tramo de ruta...?"
Nuestro permanente acompañamiento de todo este complejo y casi agotador proceso tiene una explicación, y la hemos brindado en más de una oportunidad: para muchos de nosotros, que comenzamos en el oficio en la vieja La Voz de Rojas, la obra de la ruta provincial 45 refleja aquellas quijoteadas históricas de Miguel "Gringo" Inzitari, de Gilberto Traverso, de Carlitos Rodríguez y tantos otros que, de un lado u otro de la "frontera" entre Rojas y Arenales militaron incansablemente -y lo hacen, lo hacemos, aún- en pos de esa obra.

Una obra con gusto a revindicación, a sueño cumplido, a progreso posible, a desarrollo, a deuda pagada. Y que tantas veces tuvo el amargo sabor del imposible, del olvido, del no se puede, de las promesas incumplidas, de los años que pasaban sobre la triste traza de tierra.

Se logró hacer una parte; no fue poco. Y por eso, en aquellas épocas, saludábamos el logro. Porque faltaba tan poquito: diecisiete, dieciocho kilómetros de nada. Lo más fácil del mundo, nos parecía. Fuimos algo ingenuos, evidentemente. Seguramente, en la historia humana de la construcción de caminos asfaltados, habrá habido jamás diecisiete mil metros de pavimento más... duros.

Muchos, muchos años hubieron de pasar. Frustraciones tan enormes como las promesas, incumplidas, que le precedieron. ¿Qué maldición sospechosa, que sospecha de maldición, o qué maldición o qué sospecha, a secas, pesaba sobre ese tramo de ruta tan cortito como indomable...?

Cuando, hacia finales de 2008, este diario asistía en la sede de Vialidad Nacional a aquella histórica sesión de firmas con el entonces intendente de Rojas, Chano Aloé, y el administrador del organismo, ingeniero Periotti, conveniando la comuna con Vialidad la asistencia financiera para la pavimentación de los diecisiete kilómetros de tierra, y la repavimentación del tramo actualmente asfaltado, no pueden imaginarse ustedes la alegría, la emoción.

Cuando, en marzo de 2009, se realizaba desde Rojas, en una sede municipal colmada, y con la presencia de tantos veteranos de esta "guerra" histórica, la licitación de la obra, esa alegría y esa emoción llegaron a su clímax.

Hubo otros momentos extraordinarios: la firma del contrato con la empresa adjudicada con la obra, que se realizó en Rojas y a través de la Cámara de Comercio e Industria local, lo cual era otro beneficio para la ciudad; y por supuesto, toda la etapa previa de preparación, que vivíamos día a día con la alegría propia de la reivindicación histórica: la instalación de la firma en el obrador del paraje Hardoy, la llegada de las primeras maquinarias, la instalación de las áreas administrativas y el laboratorio de la empresa.

El tiempo era fabuloso, el sol brillaba, el cielo de la Pampa se abría promisorio sobre la expectante traza de tierra, y un buen día nos dimos el gustazo -que tal vez hubiése sido inolvidable- de apreciar el fragor de las máquinas sobre la ruta, hasta el horizonte, moviendo centenares de toneladas de tierra.

Un buen (mal) día empezó a trascender algún rumor sobre demoras en los pagos de certificaciones por avance de obra; un poco más tarde las versiones sobre una posible paralización de los trabajos se hacían cada vez más fuertes. Una serie de idas y venidas, de palabras tranquilizadoras por un lado y versiones amenazantes por el otro nos generaban un clima de tensión insoportable, esa clase de climas que, inevitablemente, siempre incitan a pensar en la peor de las posibilidades.

Y si, claro, llegó ese mes de noviembre de 2009 en el que los trabajos abruptamente se interrumpieron, situación que permanecería de tal guisa hasta la actualidad.

Hoy, huelga decirlo, otra vez hay buenas perspectivas con respecto a esta bendita obra. Pero no ha sido fácil generarlas: demandó más de un año de discusiones, reuniones de todo tipo (algunas de ellas, alguna vez lo insinuamos, más que tensas y acaloradas), nuevas idas y venidas hasta que, finalmente, y hace en rigor pocas semanas, se logró por fin el traspaso de la obra -la opción que se consideró siempre la mejor para todas las partes involucradas- y tenemos, a la fecha, a la firma Alquimaq desembarcando en Rojas para reiniciar los trabajos.

De momento, aunque en principio se especulaba con que Alquimaq podría instalarse en el paraje Hardoy, como su antecesora, se supo ayer que la empresa ya estaría en conversaciones con el titular de un predio más grande, en Larrea y avenida 25 de Mayo. Asimismo, como consignáramos, personal técnico de la empresa ya estuvo recorriendo la traza y se cuenta con todo el proyecto técnico aprobado y la documentación finiquitada.

Es decir que, por fin, parece que otra vez sopla, por lo menos una brisa favorable de popa a la 45: es un aliciente, después de tantas frustraciones.

La obra, en tanto, deberá comenzar prácticamente desde cero: se ha perdido mucho tiempo y, lo que es peor, muchos han perdido la fe en su concreción. Es duro aceptarlo, pero es comprensible: nada afecta más al ánimo que una sucesión de frustraciones.

Por eso entendemos que la apuesta sigue siendo alta y, evidentemente, esta vez no se puede fallar: no hay margen posible para ello. Independientemente de que se esté al tanto de las complejidades que demanda cualquier obra pública, el maleficio que ha afectado históricamente a la 45 ha doblegado muchos espíritus.

El hecho es que, evidentemente, hay que asegurarse esta vez que la cosa funcione. Y no se trata de una cuestión política y muchísimo menos partidaria: la obra de la ruta 45 es una deuda pendiente para las gentes de dos distritos que, desde hace muchos años, tienen la sensación de que ese puñado de kilómetros de tierra ha llegado a convertirse más que en una traza plana, en una suerte de abismo insondable e insalvable, que siempre nos separará.

Ojalá que esta vez... bueno, ustedes ya saben...

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