La mala campaña de Central desnuda los problemas de un ciclo que no termina de arrancar y que está envuelto en un telón de cuestionamientos. Miguel Angel Russo todavía no le encontró la vuelta al equipo...
Central acumula sólo 13 puntos en la tabla de posiciones. Ocupa la 16ª colocación, una ubicación desconocida que abre la herida y la deja sangrando entre intentos fallidos. Hoy la distancia con Olimpo, el único puntero de la categoría, son 14 unidades. Una enormidad. Un despropósito. Y como cruel ironía, está a 4 de Huracán, el último en el escalafón.
Esta versión canalla sólo consiguió tres triunfos (Boca Unidos, Nueva Chicago y Atlético Tucumán). Además acarrea 4 empates (Huracán, Independiente Rivadavia, Almirante Brown y Ferro) y 5 derrotas (Sarmiento, Banfield, Olimpo, Patronato y Douglas Haig). Un rendimiento muy pobre del 36 por ciento.
Central es un alma errante, una apuesta que no encuentra su rumbo y que a cada paso suma bronca y frustraciones. En este momento lleva 5 cotejos sin poder ganar (3 igualdades y 2 caídas) y el empate (1-1) del domingo con Ferro en el Gigante puso en jaque toda la estructura futbolística. Hoy sostenida sólo por la personalidad y la espalda de Russo, un técnico de la casa que no se da por vencido y quiere seguir forzando una reacción que no llega.
En este torneo, el cuerpo técnico utilizó 24 jugadores (1 arquero, 8 defensores, 9 volantes y 6 delanteros). Sólo Caranta y Lagos estuvieron en las doce jornadas desde el arranque. El resto estuvo preso de los ensayos, las lesiones y las modificaciones, siempre sin llegar a formar una estructura base de funcionameinto confiable.
También metió mano en los pizarrones y probó con cuatro dibujos tácticos diferentes (4-3-1-2 una vez, 4-4-1-1 tres veces, 4-4-2 siete veces y 5-3-2 una vez). Con enganche, sin enlace. Con doble cinco o uno solo. Con uno o dos arriba. Dos grandotes o uno por afuera. Cada movida fue un manotazo que no encontró la respuesta deseada.
Con este resumen de números, queda claro en blanco sobre negro que Russo no se quedó quieto y probó de todo. Que no cesó en su espíritu de búsqueda. Y eso es tan cierto como que nunca pudo alcanzar una dosis mínima de seguridad en el tránsito auriazul por este campeonato.
La dolorosa racha en condición de local (42 por ciento con dos triunfos, tres empates y dos derrotas) y el irritante aporte de los delanteros (3 goles en 12 fechas) decoran una flojísima producción que se aleja demasiado de las pretensiones que se trazaron en el inicio de este ciclo.
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