El “Ruso”, el primer ricotero que acampa para ver al Indio

El “Ruso”, el primer ricotero que acampa para ver al Indio
“Más vale llegar temprano que nunca”, dice junto a su carpa en el Parque Agnesi. Vino a dedo desde Neuquén y no tiene entrada.
“El rock es un sentimiento y una manera de vivir las cosas. Fijate que son frases que se han dicho muchas veces, pero eso no quita que sean una gran verdad, al menos para mí”, dice Guido Vinocur, mientras afirma las varillas de su vieja y gastada carpa, que acaba de levantar en el Parque Agnesi, a unos pocos metros del autódromo de San Martín.

Guido tiene 44 años y es el primer ricotero que llegó al Agnesi, con la idea de acampar a la espera del concierto que dentro de tres semanas, en la noche del 14 de setiembre, dará el ex líder de los Redonditos de Ricota, el Indio Solari.

“A este recital, más vale llegar temprano que nunca”, dice con una sonrisa áspera el “Ruso”, como lo conocen los amigos que ha ido haciendo por todo el país, en decenas de recitales a los que asistió en los últimos 30 años. “La primera vez que vi al Indio fue en el show que los Redondos dieron en el ‘85 en Parque Sarmiento”, cuenta, como para mostrar sus pergaminos de ricotero viejo.

Con la excusa del rock, el Ruso conoce medio país y acaba de llegar a San Martín viajando a dedo desde Neuquén, donde hace unos días estuvo en el recital que dio La Renga en esa provincia.

“A todas partes con el Indio, la Renga, Divididos y Las Pelotas; nada de cumbia, cuarteto ni reguetón, gracias pero no”, aclara mientras espanta a tres o cuatro perros que se han arrimado por la carpa, tal vez buscando algo de comida: “Ninguno de estos pichos es mío ¿eh? Me gusta viajar solo, que es la mejor manera de no atarse a las cosas. Fijate que tengo amigos en el Gran Mendoza que me ofrecieron casa y comida, pero no, a mí dejame acá, en el parque, cerquita de donde va a tocar el Indio”.

Guido no tiene entrada para el recital y anda con muy poca plata encima. “Ninguna novedad”, resume sin dramatismos, apenas el dinero para comprar un guiso para el mediodía y después se verá.

Igual, eso no lo asusta: “Lo primero es instalarme acá, junto a los muchachos guardaparques que se han portado muy bien. Así, puedo irme hasta el centro a limpiar parabrisas en los semáforos, para hacer alguna moneda, sabiendo que nadie me va a afanar la carpa”.

Igual el hombre anda necesitado de algunas cosas; no las llora pero las comenta, como al pasar, “a ver si alguien, de onda, se copa y quiere colaborar”. Lo primero es conseguir un sobretecho para la carpa, porque al que tenía lo perdió y ahora el frío de las noches se cuela más fácil. “Un trabajito tampoco estaría mal, capaz que con la gente de la organización del recital, para juntar algunos mangos para pagarme la entrada y capaz que para irme a Jujuy”.

Dice entonces que allá en Jujuy está su hijo, que hace tiempo que no lo ve y que le gustaría darle una vuelta. “Yo soy de Buenos Aires, de Capital. Allá tengo a mi vieja, pero también llevo tiempo sin volver; desde mayo me parece”, cuenta el Ruso y habla de un plan alternativo: “Si no voy a Jujuy me iré a Catamarca a buscar rodocrosita, que son piedras semi preciosas que se venden muy bien”.

Guido habla del Indio Solari y dice que es un “rockero de alma. Lo he visto un montonazo de veces y es muy sincero con la gente.

Lástima que se volvió kirchnerista, pero bueno, el tipo tampoco es perfecto y algún detalle debe tener”, dice y vuelve a acomodar una varilla rebelde de la carpa que acaba de zafarse. “Pobre, no da para más mi carpita, pero qué querés que te diga, va a tener que seguir aguantando, porque todavía hay rock and roll para rato”.

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