Laurena Pappaterra es la primer árbitro de rugby nacional e internacional de Sudamérica. La marplatense se hizo un espacio en un mundo de difícil acceso para las mujeres. En esta nota nos cuenta su experiencia.
Ingresa a la redacción de “el Retrato…” con paso firme. Una mezcla de humildad y personalidad se asoma a través de sus palabras cuando comienza a hablar. Es menuda, no muy alta, tiene una sonrisa pícara y cuesta imaginarla entre la mística del rugby y los gigantes que cultivan ese espacio. Sin embargo, Laureana se ha hecho su lugar en ese mundo. Como si hubiera nacido para ello: “El rugby abrió un mundo nuevo en el deporte para mí. Me fascina ir a una cancha a ver un partido. Y cuando me toca dirigir, es un placer aún mayor”, y agrega: “Siempre fui bien aceptada. Vivimos en un país machista. Pero me dieron un lugar, porque hubo personas que confiaron en mí. No tengo más que palabras de agradecimiento”
- ¿Cómo nació la idea de ser árbitro de rugby?
- Nunca fue planeado. Soy profesora de educación física desde el 2000 y cuando todavía estudiaba la carrera, tuve un ofrecimiento para entrenar chicos de hasta 8 años, en la categoría escuelita del Club Biguá de Mar del Plata. Luego de eso, me dieron la oportunidad de hacer la preparación física de las categorías juveniles del mismo club hasta los 19 años. Siempre me interesó capacitarme lo más posible, porque no tenía conocimientos previos del juego. Mi familia no tenía relación al deporte. Y yo no tenía idea. Pero preguntaba todo. ¿Cómo, qué cobró? ¿Porque sacó amarilla? ¿Qué dice con las señas? Entonces, un árbitro de la ciudad me invitó como oyente a las clases de arbitraje. El objetivo era que supiera un poco más del reglamento. Y ahí, viendo el interés que ponía en aprender, y tras estar todo un año como oyente de estas cátedras, me hicieron la propuesta de empezar a dirigir a los más chiquitos. Así empecé.
- ¿Cómo fueron los primeros arbitrajes y la relación con los jugadores?
- Los primeros arbitrajes fueron con muchísimos nervios. Me sentía sapo de otro pozo, y los chicos también me miraban así. Para ellos era rarísimo ver una mujer adentro de la cancha y que encima, tuviera el silbato en la mano. Por supuesto que para algunos no fue agradable la idea: que en un deporte de hombres, enseñado y dirigido por varones, venga un día una “mina” a decirte cómo jugar, es fuerte y chocante. Pero jamás me faltaron el respeto. Siempre conté con una excelente predisposición de entrenadores, dirigentes, y colegas.
Laureana se entusiasmó con la idea de dirigir y siguió avanzando: “Un día vino un dirigente de la UAR (Unión Argentina de Rugby) a dar un curso, observó un partido que me tocó dirigir y al terminar me dijo algo que nunca voy a olvidar: Te felicito, te convertiste en la primera árbitro mujer del país. Esto fue en 2002”.
Además de dirigir en Mar del Plata, un rugby con mucha competencia, impartió justicia en torneos nacionales tanto de mujeres como de varones en juveniles: “Ahí tuve una capacitación muy profunda de la UAR y a partir de ese momento comenzó mi carrera internacional. Representé a la Confederación Sudamericana y dirigí en Venezuela, Brasil, Uruguay. Posteriormente, la UER decidió -a partir de una observación de la IRB (Internacional Rugby Borrad) en un torneo en Uruguay- probarme en un circuito mundial femenino en Dubai en el 2012. Ese fue el escalón más alto hasta el momento”, destacó.
- ¿Cómo es dirigir rugby?
- El rugby tiene algo que no tienen otros deportes: tomamos decisiones. Como haría un jugador al momento de jugar. Hay que tomar decisiones de dar o cortar una ventaja, de medir la temperatura del partido, hay que saber leer la intención del jugador, o si ese valor, por esta intención, quiso matar el juego. Es distinto a todo.
- ¿Cómo se hace para promover el arbitraje entre las mujeres?
- No creo que se trate de promover sino de darle el lugar de capacitarse cuando una mujer lo desee. Cuando me preguntan lo que pueden hacer, les cuento mi historia. Porque es la única que conozco y porque siento que de alguna manera me ayudó a llegar. Como mujeres nos cuesta muchísimo más que a los hombres. La capacitación es primordial. Creo que hay que saber que la decisión es de uno y es de uno, toda la preparación que uno pueda tener. En muchos momentos me sentí sola remando, pero siempre elegí dirigir por el placer que me daba estar corriendo dentro de una cancha, conociendo gente, y de devolviendo a este deporte todo lo que me ha dado. Ya aparecerán ex jugadoras que querrán seguir dentro de la cancha de algún modo o, como en mi caso, mujeres que queriendo ser parte de este juego, encuentre por medio del referato la forma correcta.
- ¿Qué cambiarías de este mundo de rugbiers?
- -Nada. Soy una eterna agradecida del lugar que me dieron y ni hablar de cada uno de los integrantes del rugby que me facilitaron los caminos para aceptarme y enseñarme.
- ¿Algún agradecimiento?
- Infinidad de agradecimientos. Primero que nada mi club, Biguá Rugby Club. Luego, el cuerpo de árbitros de la Unión de Rugby de Mar del Plata, quienes fueron mis primeros maestros. Y sin lugar a dudas, la UAR quien me brindó la posibilidad de desarrollarme en grandes torneos como el Argentino de Menores y los Seven Sudamericanos. También existen infinidad de uniones y clubes que me han invitado y me han brindado esa hermosa amistad que tengo con cientos de referees, dirigentes y jugadores de todo el país que me han hecho sentir como en mi casa.
- Para terminar ¿Alguna anécdota divertida dentro del referato?
- De las que me causaron gracia, hay una que me pasó en pleno partido. Yo había marcado un penal, entonces se acercó el pateador y me preguntó que opciones tenia para ejecutar la pena. Creí que el tipo me estaba sobrando y me probaba a ver si sabía el reglamento. O sea, pensé que me estaba tomando examen. Entonces le di las opciones, le dije que podía patear a los palos etc., etc. Cuando terminé de nombrarle las posibilidades el tipo me miró y me dijo: “¿Y un café con el árbitro no está dentro de las posibilidades?” Yo lo mire con cara seria y le dije que jugara. Pero por dentro me descostillé de la risa…y bueno, son cosas que pasan.
Laureana Pappaterra, primer arbitro mujer a nivel nacional a internacional de rugby.
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