Rubén Rodó: "Alperovich en política es como un mamut en una cristalería"

La intención de voto de los tucumanos, mensurada por la consultora Poliarquía, a pedido de La Gaceta, devela cifras preocupantes para el César de la aldea que lo dejan a las puertas del adiós. Se imaginaba eterno en el poder, como Cristina, pero en las primarias chocó con una realidad que estaba lejos de suponer.

Si Alperovich con 10 años de gestión, con discrecional manejo del dinero del pueblo -$18.000 millones- y el desembozado uso de la maquinaria del Estado, obtiene sólo dos bancas en los comicios del domingo 27, para él, sería una humillante derrota.

El empate, en cambio, perdiendo, significa para Cano una victoria que le permite dulces sueños para 2015. La pelea por la banca en discordia se dará entre Silvia Elías de Pérez (UCR) y Mabel Carrizo, de La Cámpora.

El senador como eje convocante de la ciudadanía, juntó en sí la dispersión de la UCR y se levantó como opción -con el voto útil- para el peronismo refractario y los desilusionados de Alperovich, a quien se pretende debilitar, primero, para después desalojarlo de la Casa de Gobierno.

Éste, impotente, ya comenzó a sentir los efectos del desgajamiento interno y del éxodo. Por su impacto hacia dentro del alperovichismo, resultaron sorpresivas las vitriólicas declaraciones del mellizo Enrique Orellana. Sin pelos en la lengua y sin miedo al látigo del zar, el legislador manifestó a los cuatro vientos que el domingo 27 el victorioso será Cano. Va de suyo, que el flamante abogado habla también en nombre de su hermano José, el intendente en el feudo familiar de Famaillá.

Después del revés del 11 de agosto, Alperovich metió mano en la bolsa del erario y distribuyó maravedíes en carretillas a punteros de su cofradía y aceleró la ejecución de obras públicas al voleo con tal de ganarse la adhesión de la gente. Además, alimentó por debajo de la mesa a partidos pequeños y no tanto -supuestamente opositores- con el avieso propósito de sustraer votos al presidente del radicalismo.

Todo fue vano, al parecer. La medición de la consultora porteña deja en claro que Manzur es una mochila de plomo. Su paupérrima cosecha se ahondaría, cayéndose 2,1 puntos (de 45,7 al 43,6), en tanto el radical treparía el mismo porcentaje que su rival: de 26,5 al 28,6. Calculado en sufragios, con el resultado de las primarias, el senador Cano quedó a sólo 4.000 unidades, para asegurar una poltrona a su partenaire, Silvia Elías de Pérez.

En un gesto que desnuda su desesperación, el zar imploró a sus huestes, poco menos que de rodillas, conseguir 30.000 voluntades más, que le garanticen conservar tres diputados. Pero fue mucho más patético y ridículo pidiendo a la sociedad que postergara el voto-castigo para las elecciones del 2015, cuando él deje la silla de Lucas Córdoba. En esas expresiones, Alperovich demostró que en una década de poder es poco lo que aprendió de política, donde se mueve como un mamut en una cristalería.

No sólo no conseguiría ese volumen de almas, sino que bajaría el caudal de 100 días atrás. La escasa franja de indecisos -5,4- reside mayoritariamente en la capital tucumana y cuenta con educación terciaria y secundaria. En la clase media es, justamente, donde mejor se instaló Cano. Ergo, ese voto dubitativo sería para él.

Alperovich cifras sus esperanzas en el interior con el voto atado a prebendas y el clientelismo, rehén de planes sociales y de aprietes. Con la dupla Manzur-Jaldo, Alperovich lanzó un globo de ensayo con el fin no sólo de capturar los cuatro pupitres al Congreso.

Quería, también, medir la inserción del dúo en la sociedad, con miras a las elecciones de 2015, pensando que podría ser la fórmula oficialista. El resultado no puede ser más raquítico. Números en mano, Alperovich pudo comprobar que entró en el talud del desamor de la gente, al quitarle su adhesión de otrora.

Su duda existencial es quién será su delfín. Su esposa, que no renunció a la sucesión, es la persona, entre los políticos, de peor imagen negativa con el 34%, por méritos propios bien ganados. Cerrada la reelección para él, ante la certeza de un mandoble electoral en los comicios constituyentes, si los hubiera, Alperovich se refugiaría en el Senado Nacional, lo que no impide (ley Carrió) que avancen las causas judiciales abiertas en su contra. Menem es el ícono.

Días amargos para Cristina

Nunca se pensó a sí misma fuera de juego. Y menos no estar en el centro de la escena política, rutilante, bajo la luz enceguecedora de los flashes y la mirada del país, como diva protagónica en una hora trascendental como la que se vive, a siete días de la batalla en la que se juega el futuro de la República. Ante su delicado cuadro de salud por la operación del hematoma en la cabeza y por la arritmia cardíaca detectada, los médicos que la atienden, le advirtieron que debe guardar estricto reposo, alejada de toda actividad estresante.

Virtualmente, quedó maniatada en Olivos. Como simple espectadora, delante de ella ve discurrir los sucesos políticos como en un caleidoscopio "con la ñata contra el vidrio", diría Discepolín en su inoxidable tango "Cafetín de Buenos Aires". Habituada a digitar todo a su antojo, bajar órdenes draconianas e imponer el decurso de la historia, desempeñar hoy por imposición de su convalecencia un papel que nunca tuvo ni deseó, debe ser para ella algo difícil de digerir. Su suerte está echada.

En los grandes nucleamientos urbanos, de multitudinarias concentraciones -Buenos Aires, Capital Federal, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y otros distritos-, a Cristina le aguarda un domingo negro, como las primarias, acaso con diferencias mayores. Es la revelación previa de las mediciones de expertos.

La única duda es si esa derrota cantada pueda terminar en catástrofe electoral para el oficialismo. ¡Qué crueldad la del destino! Tendrá que recibir el revés jamás imaginado, justo en el tercer aniversario de la muerte de su esposo. Desde el 10 de diciembre, cuando asuma la nueva camada al Congreso Nacional, el acceso al tercer mandato quedará definitivamente clausurado para la dama de luto eterno.

Al amanecer del lunes 28 habrá otro país político que Cristina tendrá que enfrentar. No tendrá, como ahora, el control del Parlamento. Con un camino empinado y dos años largos de gestión por delante, más penurias económicas a granel, son días amargos los que le esperan, acaso demasiado pesados para una mujer con la salud quebrantada. La Argentina no tiene la placidez de los países nórdicos, donde avanzan los días, uno detrás de otro, sin sobresaltos.

Su vuelta al poder, entonces, no es una cuestión volitiva sólo de ella, sino de la presión de sus hijos -en particular, de Florencia- y de su estado de salud.

El ejercicio cotidiano de la política, a la par del manejo del poder, con la pasión con la que Cristina abrazó la causa de su vida, esmeriló su gestión. También su salud. ¿Podrá aguantar un país tumultuoso con problemas "las 25" horas del día, después de su sorpresiva enfermedad?

Sus médicos dirán si está en condiciones físicas de volver a la Casa Rosada. Más preocupante que el accidente del hematoma, la Presidente -como saben todos los argentinos- padece de otra afección congénita: bulimia de poder insaciable, propio de los mesiánicos. Ergo, no está en sus planes renunciar.

Ansiosa, espera el alta médica y apenas pueda retomará sus funciones. Conociéndola, ejercerá el mando a rajatabla -aunque deshilachado-, hasta el último minuto del mandato. Y nada cambiará. La terquedad es parte de su naturaleza. No será fácil, por lo tanto, la transición hasta 2015 con las alforjas llenas de problemas. Desde el lunes 28 Cristina comenzará a transitar la etapa a la que los norteamericanos llaman "el pato rengo", pero ahora, en Buenos Aires, lleva polleras y a veces calzas negras.

Ese tramo suele darse hacia el final de la gestión, por la pérdida progresiva del poder. Pero en la Argentina comenzará el 28, con dos años de antelación.

Papelón de la Corte nunca visto

No es un ejemplo de republicanismo, precisamente, el que ofrece la Corte Suprema. La elección del nuevo timonel derivó en un acto deplorable de codazos y agachadas entre los cortesanos, que deterioró aún más su imagen. Afloraron, como en una feria de vanidades, ambiciones y mezquindades. Cuatro de los cinco vocales aspiran a ocupar la silla mayor; se borró René Goane. En la última sesión nadie obtuvo el consenso de sus pares -tres votos mínimos- para su coronación. Gandur se votó a sí mismo; Sdbar lo hizo por Posse y éste por ella. En tanto, Estofán y Goane intercambiaron votos cruzados entre sí.

Gandur quedó raleado y con tarjeta roja por el fallo que declaró a Alperovich violador de los derechos humanos, por negar al camarista Piedrabuena su derecho a jubilarse. La situación del juez se mantiene en un cono de indecisión. La Corte corre el riesgo de la acefalía. Después de las elecciones, Estofán, ya con mandato vencido, partirá a Europa en viaje de turismo.

Comentá la nota