Si Central gana se podrá proyectar con la mirada crítica de siempre, pero al menos con un dejo de optimismo, algo que en Arroyito es difícil de encontrar.
No hay una mejor forma de emparentar este momento de Central que con el resultado. Tener un excelente funcionamiento pero (sólo como posibilidad) ser víctima de la mala suerte y retornar a Rosario con las manos vacías es lo mismo que nada. A esta altura la cosa no se mide por funcionamiento. Eso quedará para otro momento. Y así será por un buen tiempo, al menos hasta que el equipo adquiera cierto grado de credibilidad. Y eso sólo se obtiene precisamente con los buenos resultados.
Que el presidente Speciale (uno de los protagonistas del despiste de ayer en Posadas, ver aparte) haya retornado al país, que la comisión directiva haya acordado en buenos términos los pasos a seguir respecto a convocar o no a la oposición, al respaldo absoluto hacia el entrenador, el no adelantamiento de las elecciones y todos los puntos que quieran ponerse sobre la mesa, son meros detalles. Sirven como plataforma en esto de pacificar el club, pero el momento indica, más que nunca, que los resultados mandan. Ni siquiera cuentan las variantes que Russo pergeñó para este partido.
La distancia con los puestos de ascenso está marcada. Para algunos podrá ser poca teniendo en cuenta todo lo que resta por jugarse. Para otros no tanto. Así, la cosa es blanco o negro. Sin medias tintas. Si no que lo digan los hinchas, a quienes un gol a favor los potencia y enceguece a la hora de exteriorizar la pasión y un gol en contra los une en el pedido de que todas las cabezas deben rodar.
Contra su forma de vivir lucha Central hoy. Y no hay otra cosa que aplaque los ánimos más que los triunfos. Por eso, la única misión en el mediodía de Posadas será sortear a Crucero para comenzar a encontrar el norte. Será cuestión de esperar que el partido transcurra.
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