Central estuvo nervioso y apurado y apenas igualó con Defensa y Justicia. La gente no ve la hora de festejar. El domingo en Jujuy puede ascender. Habría 17 mil entradas para los canallas.
El suspenso no radica tanto en si Central conseguirá el ascenso, algo que a esta altura parece descontado, sino en qué fecha se producirá. Y este fin de semana si los planetas se alineaban pudo haber habido fumata blanca en Arroyito. Pero Sarmiento con su victoria del sábado ante Crucero del Norte ya había archivado la chance matemática del ascenso auriazul. Lo que no impidió que el Gigante mostrara ayer un marco de público imponente, magnífico, que rugió en el momento de la salida de los equipos a la cancha y que tras el empate despidió a los jugadores con un aplauso cerrado de reconocimiento, pero conteniendo la adrenalina de lo que será la celebración cuando se consume la faena. El estallido se pospuso.
No hay dudas de que lo más difícil en todos los aspectos de la vida es dar los últimos pasos en pos de conseguir los objetivos. Por ejemplo, los expedicionarios que escalan las montañas más altas del mundo consideran a los últimos metros antes de llegar a la cima como los más dificultosos del recorrido, los que requieren de un esfuerzo extra, de un plus anímico, de una entereza mental especial . Y el fútbol no es la excepción cuando hay que cruzar la meta.
Por eso ayer al equipo de Russo se lo notó nervioso, apurado, sin la pausa que fue una de sus aliados a la hora de ir apilando rivales hasta llegar a lo más alto del torneo.
Con el gol de Méndez parecía que la faena se consumaba, pero el empate de Tellechea antes del descanso y en el complemento un par de intervenciones magistrales de Caranta terminaron de hacer en cierta manera que el punto sea valioso, no ideal ni soñado, pero sí rendidor en esta recta final de poco brillo general y con escaso circulante en materia de puntos.
A este Central —que es el mejor equipo de la divisional, que marcha desde hace rato como sólido líder, que todo lo que consiguió lo hizo por mérito propio y haciéndose fuerte en las situaciones adversas— no hay dudas de que en las últimas fechas lo está invadiendo el nerviosismo y la ansiedad, lo que hace que se fallen pases, se cometan errores no forzados y se achique el arco rival. Por eso perdió velocidad en la recta final a primera.
“Falta menos”, le dijo un plateísta que peina canas a otro parecido a él cuando se iban del Gigante. Y esa es la sensación qué flotó en Arroyito cuando la noche se había instalado. Que Central tiene los días contados en la B Nacional y en el horizonte ya asoma la vuelta al fútbol grande.
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