Esta vez sufrió hasta el final, pero le ganó a Nueva Chicago por 2 a 1. Lagos y Bareiro, en su debut desde el arranque, marcaron los goles. El equipo de Russo malogró muchas ocasiones claras.
Nada más importante entonces. Porque tampoco se trata de hacer culto del resultadismo. Como en la mayoría de las victorias de esta racha fabulosa, impensada hace cuatro meses, Central ganó bien. Y como en la mayoría de las veces, sin sobrarle demasiado. Apenas un gol, como en 9 de esos 12 triunfos, pero siempre justificando esa diferencia que en esta categoría es vital. Y amén de que la imagen final de ayer, desde el minuto 28 del complemento en adelante cuando Chicago descontó, haya sido la de un equipo que debió esforzarse para mantener la diferencia.
Y es que el desarrollo de la victoria tuvo sus particularidades que la distinguieron de las anteriores. Esta vez no decantó como consecuencia de la paciencia para ejercer un dominio, sino que se gestó de entrada. Esta vez sacó dos goles de ventaja pero se la achicaron y debió convivir con esa presión ante cada centro rival, que fue de la única forma que Chicago lo complicó, al punto de que Caranta resultó una figura importante.
En ese nuevo contexto, a Central le faltó jerarquía para definir las numerosas chances que gestó, un problema que viene arrastrando por otra parte desde el inicio del torneo, pero que logró disimular con un mejor sostén detrás de los delanteros. De hecho, los volantes adquirieron una preponderancia vital y, el que curiosamente venía desentonando, Méndez, logró ponerse en sintonía, sumándose a un Carrizo que sí pudo pesar de titular, y a Lagos, que al fin jugó los 90’, fue punzante y abrió la cuenta en un segundo cabezazo de pelota parada, tras recibir de Valentini en el área chica.
Y al equipo auriazul lo tranquilizó demasiado la nueva situación. Tanto que no definió el pleito rápido como lo ameritaba y permitió que un rival deshilachado como Chicago lo complicara de pelota parada. Ni siquiera el segundo de Bareiro, al inicio del complemento, le dio esa soltura para imponerse con autoridad. Por eso, el descuento tras dos cabezazos en el área en un córner, pudo desestabilizarlo.
No pasó al cabo y Central ganó en forma inversa a lo habitual, defendiendo lo conseguido al comienzo, sin la presión y la posesión con que solía apabullar al final. La ecuación al fin vino a dar el mismo resultado. El cielo puede esperar, pero ayer volvió a dejar la impresión de que falta menos cada vez para alcanzarlo.
El último gol paraguayo
El último paraguayo que anotó un gol con la camiseta de Central fue Mauro Monges, el 15/4/05 (2-1) ante Gimnasia y Esgrima La Plata (L).
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