La intención del municipio de que los rosarinos reemplacen las bolsas de plástico de los mandados por otras de tela que no dañen al medio ambiente no resultó. Al menos no como podría pretenderlo un ecologista. Es que, tal como admitió la subsecretaria de Medio Ambiente, Daniela Mastrángelo, "estos cambios de hábitos, verdaderos cambios culturales, no se concretan en tan poco tiempo; debemos seguir trabajando muy duro".
Pero se avanzó poco y lentamente. "Es muy difícil, estamos inmersos en un modelo capitalista que promueve usar y tirar. Algunos dirán que en Europa esto se logra, pero allá hace años que se está atravesando una crisis energética importante. Pero cuando, como pasa acá, la energía, el gas y el agua son más baratos y accesibles todo cambio cuesta", sostuvo Mastrángelo.
La funcionaria está convencida de que una restricción legal (ya sea de prohibir o cobrar la bolsita de plástico) "ayudaría" a cambiar el hábito. "Pero podría generar un impacto en la cadena productiva de bolsas a nivel local. De todos modos, la idea es seguir desalentando el uso indiscriminado y retomar campañas con los escolares y cámaras de panaderos, almaceneros y carniceros", adelantó.
La conciencia ecologista parece ser muy distinta en la capital santafesina y varias localidades cercanas a Rosario donde la cruzada antibolsita ya se puso en práctica.
En junio de este año el Concejo de Santa Fe aprobó una ordenanza que promueve la disminución paulatina de los envases de polietileno para llegar a su prohibición definitiva en 2012.
Además se promovieron distintos planes restrictivos o de reemplazo (por bolsas de tela, papel o changuitos) en Venado Tuerto, Las Rosas, Firmat y Casilda (donde una ordenanza directamente las prohíbe). "En esas localidades se trabaja bien pero hay que tener en cuenta que se esta hablando de poblaciones más pequeñas, con menores niveles de consumo y de basura", dijo Mastrángelo.
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