Roque Ayala volvía a su casa en moto tras un baile en La Calera y unos jóvenes le tiraron una piedra que lo mató.
Algún ángel, algún milagro, insiste Nancy, una de las tías.
Todo es reciente en la casa de los Ayala, acá, en esta calle de barrio Los Manantiales, en Saldán. Norte de Córdoba.
Es reciente la muerte de Roque; es reciente el llamado que llegó del Hospital San Roque para informar la muerte de Roque; es reciente esa bronca que se gesta en el aire y que tiene pinta de venganza por la muerte de Roque.
La muerte de Roque, dice el párrafo de arriba, y bien puede decirse que fue algo violentamente absurdo: en la madrugada del sábado 12 de octubre, cuando volvía en su motocicleta de un baile de Damián Córdoba en La Calera, un grupo de jóvenes que también había estado en el Club Sportivo, y que esperaba en una garita el colectivo que iba a Córdoba, le hundió el cráneo de una pedrada.
Entre su internación y su deceso hubo una operación en la cabeza y 10 días de una agonía que se secó de a poco.
Alguien del San Roque llamó en los primeros minutos del martes a los Ayala para avisarles que el paciente acababa de morir. Un pantallazo de Roque: tenía 20 años, llevaba ocho de esos 20 trabajando en la panadería de una tía, era hincha de Belgrano pero no iba a la cancha, vivía en Saldán con sus hermanos y su mamá Beatriz, y justo el martes, día de su muerte, cumplía un año de vida con su novia. Antinomias de lo que fue y lo que pudo haber sido.
Acá, alrededor de esta mesa, en esta casa rodeada por tantos amantes del baile que vinieron a despedir a uno de los suyos, mamá Beatriz no habla y tía Nancy habla por todos. Es la vocera del dolor Ayala: “El ataque a pedradas no fue personal, esos chicos estaban esperando el colectivo y tiraban a todos los que pasaban. Si te digo que hay otros dos varones internados en el San Roque con heridas en la cara por las pedradas”.
Si fue o no personal, se supone que lo definirá la Justicia. Pero para eso hay que llegar primero a los sospechosos del crimen, que siguen libres. Lo único concreto hasta el momento es la denuncia de los Ayala, respaldada por el testimonio de un amigo de Roque que venía de acompañante en la motocicleta Yamaha negra cuando el conductor se desvaneció por el golpe de esa piedra en el cruce de San Luis y ruta E-64.
Este amigo alcanzó a manotear el volante y evitó que la moto tambaleara. Cuando estuvo lejos de la garita, frenó la Yamaha como pudo y se arrodilló frente a un remise para pedirle que llevara a Roque a un hospital.
Después, los 10 días de agonía. En el medio, la primera denuncia de Nancy: ella dice que la Policía se la tomó a regañadientes, pero que en principio la caratuló como un accidente en motocicleta.
Hasta la muerte de Roque. Entonces sí, cambió todo.
Lo velarán este miércoles al mediodía.
Otros dos internados
Roque Ayala (foto) no fue la única víctima de las piedras el sábado 12. Otros dos motociclistas que pasaron esa misma madrugada frente a la garita del colectivo sufrieron heridas en la cabeza y todavía están internados en el Hospital San Roque. Es decir, calcado a lo que le ocurrió a Roque, pero ellos siguen vivos. Aunque graves: “A uno le pegaron en la frente y a otro acá, en la yugular”, dice el padrino de Roque, Ricardo Altamirano, mientras se lleva la mano a la garganta. Ambos están delicados, aunque al parecer evolucionarían de las heridas. La Policía dijo desconocer que otros dos muchachos hayan sido heridos esa misma noche.
Libres. No hay detenidos por la piedra que mató a Roque. La Policía comenzó a seguirles los pasos.
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