Dura caída de Olimpo que terminó con ocho jugadores, por las expulsiones de Blanco, Musto y Meza.
El cuadro de Perazzo hizo todo mal. De principio a fin. Entró mal pisado, dormido, inseguro. Y en un abrir y cerrar de ojos quedó entregado a suerte y verdad.
Antes del primer cuarto de hora perdía 2 a 0. Un cachetazo tras otro. Primero con una jugada made in Caruso (centro de Gómez y anticipo con la testa de Boyero) y errores compartidos, y luego un blooper entre Sarulyte y el "1" aurinegro. Demasiada ventaja para recuperar terreno.
Ensayó una tibia reacción, más por inercia que por convicción, mientras su rival lució agrandado con la pelota y vertical. Hubo una amplia diferencia de intensidad y entrega. Cada jugador del Bicho se desdobló y la escuadra local fue un aluvión por momentos.
En la visita todo fue más rebuscado. La enjundia de Gil, la permanente búsqueda del llanero solitario Cerutti y algo de los laterales cuando se pudieron soltar. Pero no mucho más.
Desalineado por completo entre los centrales, Musto casi siempre a contramano, los carrileros desbordados por sus rivales, Vuletich lejos de la zona de fuego, el elenco bahiense se terminó por desmoronar antes de la hora de juego.
Herrera exageró la roja de Blanco, pero Musto siguió el mismo camino. Así quedó 2-0 abajo y con dos menos. Para colmo, Meza se excedió en una pelota dividida y llegó la tercera expulsión para completar una tarde negra.
Argentinos sacó el pie del acelerador, pero los pibes Ramírez, Gómez y Lucas Rodríguez siguieron verticalizando el juego. Y llegaron dos tantos más; el de Ramírez, para aplaudir,.
El anfitrión le terminó haciendo precio a un aurinegro ya entregado a suerte y verdad.
Pasó la producción más chata de la era Perazzo, justo en el momento que más necesitaba recuperar terreno. Con la recta final del torneo, Olimpo se va cerrando su propio horizonte.
Pasaron 14 partidos y no puede torcer el rumbo. Y la salida del abismo aparece cada más empinada.
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