El uruguayo está confiado en este presente de River y destaca su jerarquía y ambición
De sonrisa tímida y frases cortas, el personaje refleja que el lugar donde se siente cómodo para hablar es en la cancha. Ése es el espacio en el que Rodrigo Mora se mueve sin prejuicios, con naturalidad, y donde sin necesidad de las palabras enseña todo lo que tiene para decir. A tres días del partido de mayor repercusión del fútbol argentino, este uruguayo, que sabe de qué se trata un superclásico, muestra la misma ansiedad que un debutante. Extraño, porque Boca fue el rival que le permitió presentar sus mejores credenciales con la camiseta de River, el que lo convirtió en un talismán para los simpatizantes millonarios. En Mar del Plata, Córdoba y también en el Monumental, escenario del partido del domingo, el delantero hizo gala de su oportunismo y de su jerarquía para las definiciones frente a los xeneizes, una condición que arrastraba desde la época en que los enfrentó con Defensor Sporting, de Uruguay. "Me tocó estar y también no estar, pero es desde afuera cuando te das cuenta de lo que significa. Se paraliza todo, y no sólo en la Argentina. El último superclásico me tocó verlo en Chile, en la concentración de la U (Universidad), y todos estaban como locos. Cuando lo viví fue algo hermoso porque el clásico es una buena oportunidad para disfrutar", explica quien regresó a Núñez, después de seis meses de exilio, a causa de una relación sin retorno con el cuerpo técnico que conducía Ramón Díaz.
-¿Son partidos que se disfrutan o la carga emotiva que conllevan lo impide?
-Yo los disfruto, los valoro, porque cuando fuiste protagonista y, de repente, no lo sos más, los extrañás. Es todo especial, porque del superclásico se viene hablando hace más de una semana. Ojalá que también la gente disfrute del clásico. Es mi tercera etapa en el club, me siento un privilegiado en ser parte de un partido que genera tanto. ¡Cómo no lo voy a disfrutar!
-Y el presente, además, ayuda.
-Llegamos de la mejor manera. Venimos primeros, pero tenemos que seguir demostrándolo. Si seguimos trabajando como hasta ahora, presionando, desarrollando nuestro juego, con concentración y sacrificándonos, podemos sacar un buen resultado. No tenemos nada para elegir, hay que ganar para seguir arriba. Eso es lo que impone este club, lo que transmite el técnico y lo que queremos los jugadores.
-¿Imaginaban un comienzo así?
-Cuando empezás un ciclo imaginás lo mejor, y ser parte de este plantel te genera orgullo. Todo el equipo te da mucha tranquilidad: por la manera en que juega, pero también por el compañerismo, la jerarquía de los jugadores, la ambición de todo el grupo, que nunca baja los brazos. Así es como se consiguen los triunfos, las cosas importantes.
-En lo personal, ¿cuánto influyó Gallardo?
-Él me dio confianza, me hizo sentir cómodo. Después, me adapté fácil a lo que quiere para el juego y también llegaron los goles, que para los delanteros es importante, aunque yo no me considero un Nº 9. Ahora pareciera que soy un goleador, pero es una chapa que nunca tuve, porque a mí me gusta jugar por todo el frente de ataque, asistir. El gol sería como un complemento.
-¿Lo que te está pasando lo sentís como una revancha?
-Nunca me quise ir, pero tampoco quiero volver el tiempo atrás. Si quiero dejar una huella, mi objetivo tiene que ser volver a ser el delantero de los primeros seis meses en River. Lo que pasó, ya pasó. Yo volví al club y Ramón Díaz es el técnico más ganador de la historia de River. Nada más.
¿Con 26 años jugaste en muchos clubes, pero durante poco tiempo: ¿es el momento de establecerte?
-Sacando mis etapas en Defensor Sporting, Benfica, donde prácticamente no jugué, y ahora River, en el resto de los clubes siempre estuve a préstamo; en algunos, como en Universidad de Chile, durante seis meses. Iba y venía, a veces llegaba a un club sin pretemporada y eso condiciona. Acá estoy contento y disfruto todo: el club, los entrenamientos, el cariño de la gente, pero muchas veces no es uno el que elige qué hacer y tenés que levantar todo y mudarte a otro país, porque aparece una oferta que le conviene al club y al futbolista. Si eso sucediera, me gustaría marcharme con una vuelta olímpica.
Recuperó el brillo en su mirada. Mora, desde sus comienzos, en Rivera, a 500 kilómetros al norte de Montevideo, donde una calle y una plaza sirven de límite entre Uruguay y Brasil, siempre se las ingenió para destacarse aun en la adversidad. Recordar cómo empezó la historia, de las tardes en que su padre Waldemar lo llevaba para que lo ayudara en las tareas de albañilería, aunque él, como un escapista, se fugaba para ir al campito y desgastar los championes, fortalecen a la Pulga, el delantero que no se define como goleador, aunque Boca lo sufre cada vez que se lo cruza..

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