Rodolfo Brizuela, el juez de Garantías del Joven más mediático y polémico presentó su renuncia

El juez Rodolfo Brizuela, el “Chango” como le dicen los que lo conocen, pasó parte de su infancia en un instituto de menores de General Rodríguez. Pero luego su vida dio un vuelco y en La Rioja transcurrió una etapa que recuerda con entusiasmo, marcada por la presencia de familiares cuya existencia conoció recién en esa época.
Hasta diciembre de 2008, estuvo al frente del Juzgado de Menores 3, en Gregorio de Laferrere. La reforma judicial y el paso a ser un juez del Fuero Penal Juvenil bonaerense, con su oficina en San Justo, según afirma, le marcó el fin de un ciclo. Cercano a cumplir los 62 años, presentó su renuncia y el gobernador ya firmó el decreto aceptándosela.

En los 36 años de ejercicio como magistrado, pasaron muchas causas de niños y adolescentes con historias similares a la suya. Es así que guiado por su propia experiencia, en donde la contención familiar fue fundamental, y según piensa es la mejor solución frente a la delincuencia y la violencia juvenil, siempre consideró la cárcel para los jóvenes como un recurso de última instancia.

Es conocida posición en desacuerdo a la baja de la edad de imputabilidad de los menores como solución a la problemática social de la juventud que delinque. Nunca estuvo conforme con el cambio de la ley que ahora le marca su injerencia sólo cuando se trata de menores imputables (chicos de 16 a 18 años). Antes como juez de Menores trabajaba no sólo con los pibes que cometían delitos, sino también con los niños víctimas de delitos: niños abusados, que se drogaban, que no tenían escolaridad.

“No puedo ver al chico solamente desde lo penal como se hace ahora, sino que tengo que verlo en toda su estructura”. Todo esto son situaciones que me han ido llevando a que uno se vaya desgastando”, reconoce.

-¿A qué responde su decisión de renunciar?

-Dejo la Justicia y me jubilo; no se si para bien o para mal, pero ya se cumplió un ciclo. Esto obedece a que son muchos años de trabajo, 36, se estaba poniendo mucha presión, y uno ve que se trabaja sin recursos; la modificación del Fuero de Menores, dejar de ser juez de Menores para pasar a ser juez Penal Juvenil también tuvo algo que ver en esto. Se cambió toda la filosofía.

-No estaba conforme con esa reestructuración

-Yo nunca estuve conforme, siempre dije que al niño había que verlo dentro de una globalidad y no dentro de un compartimiento estanco. No puedo ver al chico solamente desde lo penal como se hace ahora, sino que tengo que verlo en toda su estructura: su familia, su contexto, su cultura. Todo esto son situaciones que me han ido llevando a que uno se vaya desgastando. Por ejemplo, las denuncias que se nos hacían a los jueces de Menores, se nos denunciaba que teníamos a chicos alojados en comisarías porque no nos daban los lugares adecuados. Hace cuatro o cinco años más o menos, el ministro (Juan Pablo) Cafiero denunció a los jueces de Menores porque los teníamos alojados en comisarías, y en ese momento el juez que más chicos tenía era yo porque estaba de turno, cuando era él quien nos tenía que dar los institutos y no los teníamos. Hay muchas situaciones que se han ido dando y acumulando. De cualquier manera, creo que es una etapa en la vida, un ciclo que se terminó.

-Ser un juez “garantista”, ponerse del lado de los menores que delinquen, le trajo críticas ¿también tuvo que ver en su determinación?

No, primero, que la expresión de garantista creo que nunca me tocó a mí, el gran tema que siempre tuve es decir no pongamos al chico como variable de ajuste; no le echemos la culpa a los chicos si primero no asumimos nuestras propias responsabilidades como adultos. No son la causa de todos los problemas que tiene la sociedad, sino que son consecuencias de todo lo que nosotros no hemos hecho por los chicos. Pero bueno, esto es lo que me tocó vivir, ahora trataré de volcar mi conocimiento de una manera distinta a la gente, para que pueda aprender, para defender sus derechos, para que sepa enseñarles a sus hijos.

-¿Piensa dedicarse a otra actividad o seguirá involucrado con el ámbito de la Justicia?

-La idea que tengo es ver si puedo volver a enseñar en la Universidad, trataré de escribir el famoso libro que siempre quise pero nunca tuve tiempo porque lo dediqué siempre a la Justicia. Quiero tratar de enseñar, no sé si podré a través de los medios, o charlando, escribiendo, y ese tipo de cosas. Siempre he tratado de dejar alguna enseñanza, no se si lo logré.

No me quiero quedar paralizado en el tiempo, porque yo soy un chango que bien parece tranquilo pero soy muy inquieto. Este retiro va a permitirme jubilarme, empezar a pensar y a diagramar mi vida de otra manera para seguir devolviéndole a la sociedad y a este distrito de La Matanza un poco de lo mucho que dio.

-¿Pensó en lo político como otra posibilidad?

-No, a mí la política no me interesa, la política como actividad partidaria nunca me interesó. No es mi tema.

-¿Cómo pudo abrirse camino, pasar de la soledad de un instituto de menores a trabajar del otro lado como juez?

-Yo tuve la suerte que hubo mucha gente que me tendió la mano y también yo tuve la actitud de tomar la mano de los que me la tendían. Me permitió crecer, poder estudiar. Trabajé siempre: cuando llegué a la provincia de Buenos Aires, cuando me gradué de abogado, en el año 82, el famoso día de la invasión de Malvinas, ya estaba trabajando en el Poder Judicial; fui secretario y después juez; viví todo esto con mucha pasión, le dediqué toda mi vida a esto. Estuve en un macro instituto en General Rodríguez, muchos chicos habían ahí, más de cien. Y eso obedeció a la pobreza; mi mamá era muy pobre, era una empleada doméstica, no tenía casa, no tenía nada. Al enfermarse ella, yo no tenía a nadie con quien estar y terminé en un establecimiento de ese tipo.

Cuando mi mamá después de dos años logró salir del hospital, me pudo sacar de ahí y me llevó para La Rioja, para quedarme allá con mis tíos y ahí empecé a conocer a mi familia, a mis primos, a mi abuelo, que hasta esa época no sabía que existía. Creía que sólo eramos mi mamá y yo.

Yo quiero mucho a este Poder Judicial que me enseñó y me permitió trabajar. No soy para quedarme quieto, tengo que diagramar mi nueva vida, pero siempre pensando en seguir devolviendo lo mucho que La Matanza me dio.

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