Más robos en inmuebles con sus dueños de vacaciones

En un edificio de 9 y 65 desvalijaron 4 departamentos aunque en uno se encontraron con una sorpresa: una jubilada que terminó maniatada. Los otros fueron en viviendas de Ringuelet

Sin necesidad de forzar la puerta de entrada, un grupo de delincuentes consiguió desvalijar cuatro departamentos en dos pisos de un edificio platense. En uno de ellos se sorprendieron al encontrar a una jubilada de 75 años que dormía la siesta. Y no dudaron en desplegar su brutalidad para mantenerla bajo control: la ataron de pies y manos, mientras se dedicaban a revolverle la casa. Todo pasó a primera hora de la tarde de ayer, en 9 y 65. Nada parecía evidenciar a primera vista que allí habían robado porque el portón de acceso estaba intacto. “Suponemos que tenían llave”, especuló la hija de una de las víctimas. Apenas se veía en el piso un rayón de tierra que iba desde el ascensor hasta el ingreso. Fue el rastro que dejó uno de los bolsos repleto de objetos robados que los ladrones se llevaron a la rastra. Tocando uno por uno los timbres de los departamentos que suponían vacíos, los delincuentes fueron cerciorándose de que había al menos cuatro que estaban desocupados. UNA PESADILLA Pero en uno de esos casos se equivocaron, ya que su dueña estaba y no quiso responder. “Yo dormía la siesta, y como no esperaba a nadie a esa hora, directamente no atendí”, explicó la víctima, que no quiso revelar su identidad. En cuestión de minutos, los ladrones estaban forzando la cerradura de la casa. Y no pasaron muchos segundos antes de que la vieran. En medio del pánico, a la jubilada le prometieron que si no hacía nada, no iban a lastimarla. Pero que si gritaba, le taparían la boca. Frente a una amenaza de ese calibre, la mujer no se resistió. Igual, los asaltantes decidieron atarla de pies y manos con telas. También le taparon la cara. Es por eso que la damnificada no logró ver demasiado a los ladrones: desconocía sus edades aproximadas y si estaban armados. Solamente alcanzó a identificar que eran tres, según lo que le pudo contar a EL DIA. Pasaron varios minutos -la jubilada no pudo especificar cuántos- durante los que los delincuentes revisaron rápidamente las habitaciones y la sala principal, en busca de dinero y objetos de valor. Cuando estuvieron listos para irse, ya se habían apoderado de alrededor de 500 pesos, más algunas joyas. Después de semejante pesadilla, la mujer rescató que los delincuentes no la hayan lastimado. “Dentro de todo me trataron bastante bien y les agradezco”, dijo, en un balance desconcertante. DE RECORRIDA En la reconstrucción de lo ocurrido, la jubilada aseguró que momentos antes de que le entraran a robar escuchó algunos ruidos leves en el edificio, que se sumaron a los timbres que iban tocando. Nunca sospechó que eran los mismos asaltantes que momentos después la atacarían a ella. Luego de un intento fallido en el mismo piso en el que vive la jubilada, los ladrones se colaron en otros tres departamentos del quinto. La coincidencia era que en ninguno de ellos había nadie. De hecho, cuando este diario estaba en el edificio los damnificados de esos robos todavía no se habían enterado. En los tres casos, los delincuentes repitieron la mecánica de destruir la cerradura, revisar al detalle los departamentos y llevarse de todo. Desde el pasillo podían verse muebles tirados, ropa desparramada y hasta un televisor que quedó en las escaleras del edificio. Al parecer, los delincuentes desistieron de llevárselo en el arranque de la fuga. El de ayer fue el primer robo en ese edificio que se inauguró hace alrededor de cuatro años, aunque hay varios antecedentes en el barrio, sobre todo en la zona lindera a Plaza España. El último caso, según remarcó la hija de la jubilada, fue hace una semana, cuando robaron en otra torre situada exactamente al lado. El mal sabor de boca persistió durante varias horas: después de la visita de los peritos que revisaron el edificio, la mujer maniatada por los ladrones manifestó sentirse “desprotegida”. Aunque el principal enemigo de los detectives es la previsión y la cautela con la que actuaron los ladrones: la jubilada alcanzó a ver que llevaban guantes. Ese dato, y la pista de que habrían tenido la llave de entrada, convirtieron al de ayer en un golpe casi perfecto.

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