Tras los recientes incidentes, se estudia la posibilidad de restringir la atención al público en algunos sectores del edificio, así como reforzar los controles en otras dependencias.
Más allá que en el gobierno digan que se trata de “casos puntuales”, los últimos hechos de inseguridad en la Casa de Gobierno encendieron todas las alarmas. Y es que en menos de 5 días, dos episodios distintos dejaron en evidencia las limitaciones en el sistema de seguridad y la facilidad para vulnerarlos. De allí la preocupación de replantear el funcionamiento de la principal dependencia estatal, tal como admitieron ayer.
En este sentido, la dificultad pasa por la arquitectura del lugar y la cantidad de gente que circula cada mañana por la Casa de Gobierno, cantidad que contrasta con el movimiento de la tarde y la noche. “Tenemos que reforzar (la seguridad), esto tiene que ver con todas las refacciones que estamos haciendo. Tenemos que arreglar los techos, porque recordemos que es un edificio que se construyó en 1953 con una realidad y es otra la realidad de 2014”, señaló ayer el gobernador Francisco Pérez.
“Se están estudiando las distintas alternativas por el hecho que todos los ministerios atienden al público”, confirmó el ministro de seguridad, Leonardo Comperatore, y apuntó a distintas opciones: instalación de molinetes, detectores de metal o restricción de los trámites a determinados pisos.
“Han sido dos casos muy puntuales”, minimizó Pérez los distintos episodios, aunque anunció que se modificarán “los ingresos y también los controles de los distintos pisos de la Casa de Gobierno como de los cinco ingresos”.
Los hechos en cuestión se remontan al lunes 29 de setiembre, cuando un hombre armado llegó hasta el cuarto piso (en donde funciona Gobernación) y pidió hablar con Pérez. El nerviosismo que mostró el individuo (que amenazó con quitarse la vida si no lo atendía el mandatario) alertó al personal policial que descubrió que llevaba un revólver descargado.
Ayer confirmaron que en el robo del sábado participó un solo hombre, el cual rompió una ventana cuadrada de 30 centímetros y accedió las oficinas de la Administración Tributaria Mendoza (ATM). El botín se redujo, entre otras cosas, a unos monitores y a una moto en la cual escapó. El episodio finalizó en la esquina de Brasil y Costanera (en una estación de GNC), en donde el delincuente abandonó el vehículo y huyó corriendo luego de enfrentarse con un policía que se percató de lo que había sucedido.
Hasta el cierre de esta edición no había novedades en torno a la identidad del delincuente, aunque los trabajos estaban centrados en las distintas evidencias: las cámaras de seguridad en la Casa de Gobierno mostraron que el trabajo lo hizo con el rostro tapado, aunque en las filmaciones de la estación de servicio sí se le vio la cara.
La pista clave estaba en comprobar si las huellas dactilares encontradas por Policía Científica en el lugar coincidían con las de la persona identificada en la filmación. Así lo confirmó el jefe de la Policía, Juan Carlos Caleri.
Arquitectura insuficiente
Quien haya circulado alguna mañana por la Casa de Gobierno sabe del intenso tránsito de gente por los pasillos. Y es que al lugar ingresan tantos empleados y funcionarios como aquellos que hacen trámites y hasta vendedores ambulantes. La gran cantidad de movimiento que genera la atención al público en todos los pisos (desde el 1° subsuelo hasta el 8° piso) se traduce en colas en los ascensores y congestión en las escaleras.
Ante este panorama concurrido, las medidas de seguridad sólo se hacen notorias en el 4° piso, en donde hay presencia policial y una cámara a simple vista, además de una recepción y puertas con interruptor eléctrico. Y hasta allí las medidas al menos aparentes.
“Es muy difícil brindar seguridad en virtud de que es un edificio muy viejo, no estuvo pensado para ser una Casa de Gobierno con las características que tiene hoy", admitió Comperatore e hizo referencia al diseño como el principal obstáculo : “Son tres bloques que no están unidos entre sí por abajo pero sí por una terraza. Tiene a los ministerios, al Gobernador y presta atención pública en todos los pisos”.
Las características edilicias y los peligros evidenciados llevaron a distintos replanteos que mostraron un abanico de opciones. De un lado está la concepción que indica que la Casa de Gobierno debe dedicarse sólo a tareas administrativas, mientras que del otro lado están quienes defienden que pensar en la seguridad no tiene que llevar a la restricción de gente. Y entre ambos polos, las alternativas que se piensan en el Gobierno, las cuales se inclinan hacia la segunda opción.
“La arquitecta del Gobierno está estudiando todo lo que se pueda instalar en bien de la seguridad. El tema es que no cause inconvenientes a las personas que trabajan ahí. Hay que asegurar el fácil ingreso y egreso, vivimos en zona sísmica y hay que ver qué dice el Código de Edificación”, señaló Caleri.
En este sentido, Carlos Aranda, anterior ministro de Seguridad, también dio su aporte sobre las distintas opciones que están en discusión y consideró el modelo aplicado en la Casa Rosada. “Es un concepto que no se cierra al público. Hay lugares de visita, lugares históricos, eso no implica tener menos medidas de seguridad. Se debe pensar en modelos de controles de una dependencia que no esté vedada al público”, aportó.
Más cámaras de seguridad
Si bien la cantidad de cámaras como de efectivos que cumplen guardia en las dependencias estatales es información confidencial, el ministro de Seguridad adelantó que en próxima licitación de videovigilancia se destinará una partida para cubrir la guardia del Centro Cívico. La seguridad que se destina a la Casa de Gobierno está dentro del mismo plan que cubre el Palacio Judicial y la Legislatura.


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