Robaron y destrozaron todo lo que había dentro de la exavícola Mussin

Robaron y destrozaron todo lo que había dentro de la exavícola Mussin
Bastaron tres días para el saqueo de todo lo que quedaba en el interior de la exavícola Mussin, en Santiago del Estero al 2.600 de Resistencia donde la gente que llegó de diferentes barrios periféricos arrasó con lo que hallaba en el camino, cargando en vehículos, carros, carretillas, desde aluminio hasta bañaderas sin que haya existido una guardia policial para evitarlo.

Un desolador panorama presentaba ayer la exavícola que tuvo su época dorada en la década del ´70 cuando se abastecía de pollos principalmente de Entre Ríos y con criaderos productivos al por mayor en Margarita Belén.

Los habitantes de las villas San Gabriel y Juan Garay que en aquellos años vieron con grandes ilusiones como la empresa, por entonces dirigida por Pedro Mussin empleó a más de sesenta personas, afrontaron en tres días la caída del histórico edificio que pese a los años se mantenía por fuera y conservaba mobiliarios- robados por extraños - en medio de la impotencia de los lugareños y la pasividad de la policía que cuando quiso actuar ya era tarde.

NORTE recorrió cada rincón de lo que quedó del inmueble donde todavía con palas, martillos, cortafierros y masas- familias completas intentaban quedarse con la mejor parte de los vestigios-, donde algunos preferían no ser fotografiados en plena tarea delictiva, y otros justificaron que lo hacían “para poder armar un ranchito”, ó “con la venta tener unos pesitos”.

Todo comenzó durante el año nuevo, una multitud provista de herramientas y medios de movilidad llegaron hasta la calle Santiago del Estero 2600 y en cuarenta y ocho horas, nada quedó en la exindustria.

Vecinos que pidieron reserva de nombres se comunicaron a la redacción para advertir de lo que estaba sucediendo en la noche del miércoles 2, aunque hasta ayer los saqueos seguían impunemente sin que haya policías para evitarlo.

Los que accedieron a charlar con este cronista estimaron que al menos cien personas llegaron para robarse todo lo que había hasta hace pocas horas.

“Había cuatro bañaderas, equipos de aire acondicionados, y hasta prendieron fuego la cámara de frío para poder desprender el aluminio”, detalló Antonio, mientras esperaba su turno para poder elegir un espacio e instalarse lo antes posible con su familia, junto a otro compañero.

Ventanas, puertas, azulejos, tirantes de madrea, mesas, sillas, fueron llevados a barrios y villas de la capital y cuando la policía fue alertada nada podía hacer.

Una consigna meramente espectadora del robo duró poco tiempo y se retiraron cuando un supuesto heredero reclamó por las pertenencias y perjuicios. “Le pidieron los papeles para verificar si era el dueño o familiar, pero no presentó nada, por eso la gente siguió llevándose las cosas”, reveló Antonio.

“Voy por la primera tanda y este es mi primer viaje, y sacaré 60 pesos de la venta”, señaló Jorge, un carrero que llegó con su hijo desde el barrio Don Santiago en búsqueda de “chatarras que me permitirá darle de comer a mi familia”.

“Estor aprovechando lo último, pero se llevaron cajones, y quemaron la cámara de frío para trasladar el aluminio “, mencionó apurado para despedirse y usar los finales instantes de luz que quedaba para seguir cargando sobre el precario carro tirado por un flaco caballo que se preparaba para su primera cruzada.

Mientras, Antonio iba de un lado a otro: “Espero que terminen de sacar todo, así puedo meterme a vivir porque ya no puedo pagar un alquiler”.

Bien adentro, entre las ruinas, de manos ágiles sacaban cada cerámico de las paredes, sin romper uno, para depositarlos cuidadosamente en una carretilla y cotizarlos a un precio más bajo de lo que se puede encontrar en el comercio.

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