Al millonario le bastó un tiempo para hacer pesar su jerarquía, resto físico y velocidad ANTe un combinado de Argentino A.
Más que un amistoso se pareció a un entrenamiento con público. Y los conducidos por el Tano Riggio, por su parte, nunca hicieron algo para revertir un clima desfavorable que bajaba de las tribunas, para que el débil sentimiento de pertenencia de sus hinchas entrase, al menos, en duda. River marcó el camino a seguir desde el comienzo. El esquema elegido por Ramón fue un 3-4-3. El DT local decidió poblar más la mitad de la cancha y dibujó un 3-5-2. Pero más allá de cualquier pintura táctica, la Selección local no tuvo ni juego ni espíritu combativo para amenizar la goleada. A los 4', Rogelio Funes Mori aprovechó un error de Plaza, se quitó a un hombre de encima y cedió el esférico para que Augusto Solari abriese el camino a la goleada. Después llegaron más goles; por intermedio del explosivo Iturbe (17'), quien remató desde fuera del área, la pelota se desvió en un defensor y Maino no pudo hacer nada; el mediocampista salteño Daniel Ramasco en contra (26') -al volante se lo vio falta de todo, no sólo de fútbol-, y a los 43' cerró la cuenta uno de los mejores junto con Iturbe, Walter Acevedo.
La segunda mitad sirvió para que Ramón moviese el banco en pos de seguir observando la rica cantera millonaria, con pibes que ya debutaron en primera y buscan hacerse un lugar entre los más grandes. En Salta, los juveniles Bruno Vides -de Lanús- y Nicolás Macarof -una de las figuras de la cuarta de River- le imprimieron una cuota de talento y ganas al juego. Ceballos, muy retrasado casi todo el primer tiempo, se adelantó para asociarse con los ingresados, pero no fue suficiente.
River se paró de contra y esperó a Salta. La goleada se había consumado y la tarde empezaba a caer.

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