El ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, sentó posición en el medio del debate por la legítima defensa o no.
En el medio de una oleada de casos de defensa propia y posicionamientos de figuras mediáticas sobre la problemática, el ministro de seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Cristián Ritondo, aclara la postura del gobierno bonaerense.
Cuándo se habla de inseguridad, ¿se le achaca demasiado a Seguridad y muy poco a la Justicia?
-Del total de homicidios que tuvimos en la provincia de Buenos Aires, 32 de los asesinos tendrían que haber estado presos al momento de cometer el crimen. ¿Queda claro? Lo que yo le pido al sistema judicial bonaerense es que saque de circulación a aquellas personas que no tienen que estar en circulación.
-Los números no cierran por ningún lado… El ministro de Justicia, Gustavo Ferrari, acaba de decir que las cárceles están atestadas de presos, que no se va a terminar con el hacinamiento durante esta gestión y que no hay plata para construir más cárceles…
-Hay un nudo. Las cárceles no tienen lugar para toda la gente que tendría que estar presa.
-¿Hay otros que están presos y no tendrían que estar?
-No lo sé. Lo que yo digo es que cuando me encuentro con la familia enojada de una víctima de asesinato y el asesino está libre cuando tendría que estar preso, me llena de impotencia. El laburo es doble. La Policía ya lo agarró, lo largan y la Policía lo vuelve a atrapar. Hay que trabajar por lo menos dos veces. Hay casos en los que hay que trabajar quince y hasta diecisiete veces. El hecho fue a mano armada, pero cuando lo agarraron no tenía el arma; entonces el tipo de delito no es el mismo. Es difícil.
-¿Hay que endurecer las leyes?
-No, hay que cumplirlas con sensatez por parte del Poder Judicial. Acá no se trata de ideologizar la Justicia, acá se trata de entender que debe haber justicia; una mano justa, democrática, equilibrada, que haga que los delincuentes estén en la cárcel y los ciudadanos vivan con tranquilidad. Ese es el equilibrio que queremos. No queremos mano dura ni mano blanda. Queremos, y entendemos lo que quiere la gente, que el delincuente esté donde tiene que estar y el vecino pueda recuperar la calle, el espacio público, empezar a sacar las rejas de su casa y que esto deje de ser el mundo del revés.


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