La Rioja y Catamarca son, en muchos sentidos, dos provincias con un origen común y un destino similar, y sus caminos, a lo largo de la historia, no paran de cruzarse. Dirigentes de Unión Riojana, el espacio encabezado por Angel Maza, exponen aquí las razones de una historia paralela.
En la etapa democrática iniciada luego de la última dictadura militar, los caminos institucionales de Catamarca y La Rioja no dejaron de cruzarse, aunque el signo político de los gobernantes de ambas provincias fuera distinto.
La llegada al poder del Frente Cívico y Social en la vecina provincia, tras la debacle de Ramón Saadi a raíz de los sacudones provocados por el asesinato de la joven María Soledad Morales, fue el inicio de una forma de ver la política que traía fuertes bríos e ideas para dar vuelta una página de la historia.
Sin embargo, este romance entre el pueblo catamarqueño y "su" Frente gobernante pronto comenzó a flaquear. Ocurrió algo muy común en el desarrollo de la mayoría de las democracias de Occidente: luego de cierta cantidad de años (que muchos especialistas políticos ubican entre los ocho y los diez) surge la necesidad del cambio de signo, de la renovación partidaria, del cansancio que manifiesta un pueblo ante autoridades que intentan eternizarse en el poder y que no dan respuestas concretas a sus pedidos.
A grandes rasgos, esto es lo que sucedió en Catamarca. Con dos mandatos cumplidos, en los que el nivel de gestión y de respuesta fueron decayendo, la gente le dijo "basta" a Eduardo Brizuela del Moral y "basta" al Frente Cívico y Social, compuesto casi exclusivamente en este tramo final por la UCR.
No pretendemos aquí desmerecer -ni mucho menos- el valor del triunfo de Lucía Corpacci, que se impuso por un buen margen a pesar de que las encuestas vaticinaban la re-re del gobernador radical. Las mismas encuestas le daban una imagen positiva del 65 % a Brizuela del Moral, lo que lo llevó a "desbocarse" y prepotear a la oposición asegurando que aún le restaban 20 años en el poder.
Aquí entra, a modo de comparación y, por qué no, de predicción, el parangón que se viene haciendo entre Catamarca y La Rioja.
Al igual que Brizuela del Moral, el gobernador riojano Luis Beder Herrera viene acumulando años en el poder. Desde el retorno a la democracia y hasta el 2007, acumuló dos mandatos como diputado provincial, un largo período como ministro Coordinador y tres vice gobernaciones. Hasta que un día de 2007 decidió tomar las riendas y llegar al máximo peldaño de la Provincia.
Todos saben lo que allí pasó: uno de los procesos políticos e institucionales más vergonzosos de nuestra historia, repudiado después por la propia Corte Suprema de Justicia, que terminó con la destitución de Ángel Maza.
Hoy Beder Herrera va por el mismo camino que su par catamarqueño, la perpetuación, y no escatima en apelar a los métodos electorales más injustos, al abuso de los recursos del Estado o a las formas más espurias de hacer política para lograr su objetivo.
El 29 de mayo será el turno de que las urnas hablen. Y ellas pueden dar la razón a la historia paralela de La Rioja y Catamarca, diciéndole "basta" a alguien que no tiene otra meta personal ni proyecto político que no sea el de perpetuarse en el poder




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