Rigurosamente improvisados

Por Ricardo Roa

Se puede llamar de varias maneras pero hay una que le cabe redonda: improvisación. El Gobierno anunció que iba a mandar seis mil gendarmes al Gran Buenos Aires para enfrentar la inseguridad. Pero la manta es corta. El impacto directo de esa medida aún no se siente pero sí el indirecto: trenes y estaciones ferroviarias dejadas a la buena de Dios.

Los concesionarios dicen que se quedaron sin custodia: ya no cuentan con los mil gendarmes que habían sido asignados hace años, justamente para garantizar la seguridad en los servicios. Eso explica los robos y actos de vandalismo de estos días, como el que se sospecha hubo el miércoles en la quema de vagones en Avellaneda.

Por esto mismo, las empresas enviaron cartas al secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, haciendo responsable al Estado por lo que pase y pueda pasar. Advierten que hay lugares críticos sin protección y expuestos a ser ocupados por intrusos. El Gobierno había asegurado que reemplazaría a los gendarmes por policías federales y bonaerenses.

Hasta ahora no lo hizo.

Schiavi es el mismo que prometió que en esta “temporada veraniega comenzarán a funcionar en distintos servicios los nuevos equipos Talgo adquiridos a España”. Dos formaciones de 9 coches cada una, que cubrirían inicialmente el trayecto Buenos Aires-Mar del Plata. Se ufanó entonces de la calidad de esos trenes, dijo que sólo “faltaban algunos ajustes” y que luego serían expuestos “en un lugar bien público”.

El verano llegó y los trenes bien, gracias.

Están trabados por cuestiones que sólo le competen al Gobierno: trámites aduaneros, verificación técnica y hasta una pelea entre Nación y provincia sobre quién operará el servicio. Hasta hoy, lo único “bien público” ha sido la improvisación

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