Y llegado el día tan esperado, miles y miles de argentinos que coparon Río de Janeiro, desesperados por una entrada para poder ver a la Selección, se lanzaron con desesperación en busca de entradas. Desde muy temprano se apostaron en inmediaciones del Maracaná, el templo del fútbol, donde funcionó la reventa. Así, las entradas que oficialmente valían 90 dólares comenzaron a cotizar desde 500 a 700 dólares.
Se vendieron absolutamente todas las entradas. Miles de argentinos no pudieron ingresar y se unieron en las inmediaciones del estadio, mientras otros miles se concentraban en el Fan Fest de FIFA en Copacabana en una pantalla de 133 metros cuadrados. Río de Janeiro se tiñó ayer de celeste y blanco. Las calles en las horas previas fueron un fiesta con representantes de cada punto de nuestro país.
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En las recorridas por Copacabana nos cruzamos con varios marplatenses. Precisamente desplegando una bandera de Mar del Plata, Javier Roldán y Nicolás Trubiano, hinchas de Quilmes en básquet y de Aldosivi en fútbol, no tenían entradas para el partido. Estudiantes de Ciencias Económicas admitieron que ya era un lujo y una alegría poder compartir con tantos argentinos la fiesta mundialista.
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Un rato más tarde, en la misma costa estaban tomando una cerveza Andrés Rodríguez y Sebastián Larralde, fanas de Alvarado. "Trajimos 500 reales para pagar el hostel y al final nos los gastamos en entradas que conseguimos en precio. Ahora, a dormir a la playa", aseveraron sin inconvenientes. Cuando les comentamos que nos habíamos encontrado con otros chicos de Aldosivi fueron categóricos: "A esos ni los nombres", pidieron...
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Quienes también llegaron fueron los "bicisoñadores". Sebastián Guida y Matías Lombroni salieron en bicicleta el 15 de mayo desde Mar del Plata y el pasado viernes 13 llegaron a Río. Felices por haber cumplido el objetivo, están disfrutando de la playa y el clima mundialista, al tiempo que fueron entrevistados por periodistas locales. Están durmiendo en una combi estacionada en Copacabana propiedad de unos jóvenes provenientes de Pinamar.
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Sebastián y Emanuel Querejeta también son marplatenses y llegaron para el Mundial. Están parando en Buzios, como otros miles de argentinos, y se trasladan a Río diariamente. "Esto es una fiesta y se da una vez en la vida. Venir a un Mundial y a Brasil es lo máximo", revelaron con sus camisetas de River. Cerca de ellos estaban "los pibes de El Martillo" de Mar del Plata.
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Un personaje. Soy el Lobo, todos me conocen así dijo cuando le preguntamos su nombre. Junto a toda su familia se vino en camioneta desde Mar del Plata. Son siete y con la camioneta ploteada, pelucas, camisetas y banderas argentinas recorren ruidosamente las calles de Río. Aseguran que Messi será la figura del Mundial y piensan quedarse "hasta la final con Brasil".
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Otros compatriotas le buscaron la vuelta para ganarse algunos reales. Varios vendieron camisas argentinas "truchas" a 120 reales, 600 pesos aproximadamente. Se las sacaron de las manos porque en las casas de deportes de Río valen casi el doble ."Hay que bancar los gastos aunque sea de la nafta", alegó Hernán Coutilla de Casilda, Santa Fe.
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Sorprendidos están los periodistas de Brasil con la invasión de argentinos. Emanuel Alencar del diario O Globo escribió un artículo de una página en la edición de ayer sobre el tema. Además se resalta que el celeste y blanco dominan el paisaje de Copacabana. Se consigna también que anteanoche, en la zona de Lapa -donde se encuentran decenas de bares en pocas cuadras-, los hinchas argentinos comenzaron a celebrar con demasiado fervor, cortaron la calle. Fue necesaria la intervención de la policía que empleó gas pimienta para dispersar.
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A propósito de Lapa, es el gran centro nocturno para los jóvenes. Bares y discotecas trabajan a destajo especialmente los fines de semana, aunque también hay intenso movimiento el resto de los días. A pocos metros se levantan numerosos puestos callejeros que venden desde brochettes de pollo y carne hasta sopas, caipirinhas hasta agua mineral. Vendedores ambulantes en tanto venden cigarrillos, incluso sueltos, siendo un espectáculo por demás pintoresco. La caipirinha que en la calle se vende a 5 reales (25 pesos) en los bares se factura tres veces más. Renato Curiba, mozo de uno de esos locales sorprendió a este enviados especial cuando aseguró que el campeón del mundo será Argentina o Alemania. "Brasil no llega", aseguró.

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