En la Argentina, la industria pesquera captura anualmente 400 mil toneladas de pescado, de las cuales 180 mil toneladas se transforman en residuos pesqueros, y el 7 por ciento corresponde a pieles de pescado. Sin embargo, estos desechos tienen un importante potencial de reutilización.
“El objetivo es difundir la utilización de todo lo que iba a las cavas o basurales a cielo abierto: las vísceras, los espinazos, las cabezas y los cueros”, señala el oceanógrafo y capacitador del proyecto Fabián García, quien detalló que ya se desarrollaron talleres en Rawson, Camarones, Puerto Madryn y Sarmiento, donde trabajan con especies de la zona como merluza, perca, pejerrey y trucha.
El campo más desarrollado en cuanto a reutilización de residuos pesqueros es el aprovechamiento de los cueros. El cuero de pescado tiene cualidades como una buena resistencia a la tracción y al desgarramiento. Por ello, es factible su uso para la fabricación de calzado, marroquinería o como accesorio de joyería, entre otras aplicaciones.
“Estamos trabajando con dos talleres: uno es el propio método de curtido y el otro es un taller de uso de este material. Como es un material nuevo, estamos introduciéndolo en el sector de transformación, el que toma una materia prima y la elabora para hacer algún producto que pueda llegar a ser comercializado”, señaló García. “Capacitamos en las cuatro ciudades alrededor de 100 personas que son artesanos y vamos a hacer una segunda vuelta y vamos a llevar capacitaciones en diseño, como para hacer el aporte de calidad a los productos”, agregó.
De desecho a objeto de diseño
El ingeniero agrónomo Fabián Trachter trabaja desde 1989 con la piel de sábalos, salmones, corvinas, meros y surubíes en Entre Ríos, y participa como asesor en el proceso de tratamiento de la piel de los ejemplares chubutenses.
Acerca del proceso, Tratcher explicó que “es una transformación de un objeto que es la piel cruda de pescado que si no se transforma es algo putrescible, va perdiendo ciertas características. Es una transformación mediante elementos curtientes que son taninos vegetales y antes de eso se hacen trabajos de ablandamiento y desgrase. Son cuestiones de muy baja tecnología y fáciles de incorporar por el artesano”.
A diferencia del cuero vacuno, los cueros de pescado, según afirmó Tratcher no precisan demasiados insumos: “El peso y el grosor de los mismos hacen que se puedan omitir una serie de máquinas, no hacen falta equipos costosos para dividir, no hacen falta elementos para que se hagan fulones, donde se hace la mezcla del agua con los cueros”.
En cuanto al peso, “un cuero vacuno promedio pesa 30 kilos y nosotros en 30 kilos tenemos 2.000 cueros de pescado, con mucho menos esfuerzo físico tenemos una alta cantidad de cuero de pescado, equivalente a un solo cuero, que para una curtiembre vacuna no es nada”, señaló.
Productos estéticos y funcionales
Actualmente, Brasil, Perú y Colombia encabezan el mercado latinoamericano y reconocidas marcas de calzado deportivo ya producen zapatillas de cuero de pescado.
Martín Suárez, diseñador de indumentaria oriundo de Trelew, participó en el proyecto en Chubut desde sus orígenes. “Al trabajar el cuero de pescado logramos una textura que es una tela, tiene una elasticidad mayor, se puede manejar en cualquier tipo de máquina a diferencia del cuero vacuno equino o bovino, no hay que rebajarlo tanto, es una piel muy fina con buena versatilidad, y al ser tan fina tiene una resistencia que nos permite incorporar en un zapato tranquilamente y va a dar un resultado óptimo”, manifestó.
En este sentido, Suárez adelantó que los artesanos que participaron de las capacitaciones están participando en concursos organizados por la Cámara de Industria Argentina de la Moda y la Cámara de la Industria del Calzado.
“Tenemos artesanos con capacidades increíbles. Ahora, lo que queremos es incorporar el nivel de diseñadores zonales y trabajar con artículos que sean comercialmente competitivos con esta estructura de diseño, con estética”, concluyó Martín Suárez.
Otras posibilidades: alimento balanceado y cosméticos
Otra de las variantes para el aprovechamiento de los desechos pesqueros es la producción de ensilados. “Todos los desechos pueden transformarse en alimento balanceado para animales, peces en apicultura, rumiantes, aves de corral, porcinos, porque el ensilado es un aporte de proteínas y la proteína es una parte del alimento balanceado”, explicó Fabián García.
“Sin embargo, el mercado de los ensilados es incipiente. Todavía estamos en la búsqueda y la construcción de los mercados. Están hechas las pruebas, hay muy buenos rindes en engorde en conejos, aves de corral y porcinos y los resultados son muy alentadores”, agregó García, detallando que “la técnica es muy sencilla. Los insumos que se utilizan son económicos, no es como la harina de pescado que se precisa mucha instalación, es algo que se puede hacer a nivel artesanal, tiene enormes ventajas, no necesita de consumo de energía, incluso se puede hacer con cultivo de bacterias”.
También está en estudio la producción de colágeno a partir de pescados. “La idea es separar espinazos, cabezas y vísceras para el ensilado, y por otro los mejores cueros irían para la curtiembre y los grandes volúmenes van al proyecto nuevo de extracción de colágeno, que es el producto base de todas las cremas”, sostuvo García.
Como referencia, el capacitador explicó que en la provincia de Santa Fe existe una fábrica que produce colágeno bovino, por lo que resulta factible realizar una experiencia con especies marinas.
Generar valor para ganar mercados
“Esto está destinado a generar valor, mano de obra, productos nuevos, diversificar, utilizar la denominación de origen, puede ser orientado al desarrollo de productos sustentables, aplicar nuevos conceptos, aplicar innovación y diseño, ese es nuestro fuerte”, sostuvo Sebastián García, del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).
A raíz de las capacitaciones generadas por el Gobierno Provincial, en Puerto Madryn y Rawson, ya se han mantenido reuniones tendientes a formar una cooperativa de trabajo. “Hay gente que ya está pensando en los regalos empresariales de fin de año, como agendas, fundas para anteojos, o lapiceras, presentarlos como algo innovador y regional”, agregó García.
“Armamos toda una metodología para no solo transformar sino gestionar con fabricantes locales un equipo en donde se aplican herramientas de diseño y un estudio de mercado que posibilitó el testeo de esos productos en el mercado local”, explicó.
Una vez finalizado el estudio de mercado, los resultados fueron excepcionales. En este sentido, Sebastián García sostiene que “los clientes han visto como valiosa la confección de productos con pescado, el desafío es seguir fortaleciendo esta cadena, todo lo que se hizo ahora es experimental. Significa resolver desde el punto de vista de quién va a producir, con qué método, y dónde”.
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