El resurgir de Peñarol pudo más que el alma de Quilmes

El resurgir de Peñarol pudo más que el alma de Quilmes
En un partido apasionante de principio a fin, el "milrayitas" volvió a festejar ante su clásico rival y lo derrotó por 82 a 79 en un Polideportivo con un gran ambiente.
Una noche inolvidable se vivió en el Polideportivo “Islas Malvinas”, en el gran triunfo de Peñarol sobre Quilmes por 82 a 79, en un partido correspondiente a la undécima fecha de la Zona Sur de la Primera Fase de la Liga Nacional de Básquet. El juego fue vibrante, se definió en la última pelota cuando Romero buscó llevarlo al suplementario con un triple que no quiso entrar. Adrián Boccia fue la gran figura de la noche con 26 puntos y 11 rebotes, bien acompañado por Martín Leiva (17 y 20), mientras que Walter Baxley fue el goleador y figura “cervecera” con 27. Fue un espectáculo, con momentos muy calientes dentro de la cancha y una fiesta en las tribunas.

El arranque del partido fue fantástico. Primero porque Campazzo, que sorpresivamente salió en el quinteto inicial, rompió el hielo con un triple. Y después, porque los dos cargaron la pintura y tanto Leiva para Peñarol, como Ghersetti y Maciel para Quilmes ganaban el duelo ante sus defensores. Los dos equipos se movían bien y encontraban espacios para tirar, el base cordobés y Gutiérrez lastimaron de afuera, Sahdi hizo lo mismo para el “cervecero”, pero la ventaja era “milrayitas” que se puso al frente con goleo alto: 7-12, en 3’.

El partido se calentó demasiado rápido adentro de la cancha, con Campazzo que se peleó con Sahdi y todos que se prendieron, muchas discusiones y una falta técnica a Leo que Marín aprovechó para igualar en 14. Ese pasaje favoreció al “tricolor” que pasó al frente con un triple de Baxley y una corrida de costa a costa de Marín que amagó asistir y la depositó. El duelo de aleros entre Boccia y Marín tomó la posta, los dos se mandaban y lastimaban, Baxley también se le metía demasiado fácil hasta debajo de las tablas y por eso Rivero puso a Weigand por Johnson para reforzar esa faceta. Pero Quilmes, que hasta acá en la temporada se destacó por su defensa, mostró un gran poderío ofensivo y se llevó el primer cuarto por 27 a 22.

El “milrayitas” sabía que si seguía defendiendo así no podía ganar el partido. Entonces, volvió del banco con mucha mayor intensidad, presionando y obligando a los "locales" a tirar incómodos. Y por el contrario, tomó confianza en ataque, abrió con un triple de Gutiérrez y metió un parcial de 9-0 en 2’20” para ponerse 27-31 y Ramella tuvo que pedir minuto para tomar y aire y recuperar el trámite que lo había favorecido en el cuarto inicial. Sin Campazzo y Gutiérrez, el que tomó el rol de goleador fue Boccia y Baxley respondió del otro lado para volver a poner la respiración en la nuca (32-33). Se empezaron a alternar el dominio del marcador, ahora no jugaban bien, pero los dos corrían y el partido era emotivo. La diferencia la marcaba Boccia, de un primer tiempo soberbio (18 puntos y 7 rebotes) y lo cerró Leiva (10 y 10) con un doble tras una salida del fondo con un segundo en el reloj.

El complemento comenzó mucho más lento, pero continuó teniendo una figura fundamental: Adrián Boccia. El exLanús recibía siempre en el poste bajo, aprovechaba la ventaja física sobre Baxley y las tres faltas del americano que le impedían meter la mano. Del otro lado, la carta era Facundo Piñero, que entró casi de casualidad por un golpe de Maciel que tuvo que salir para ser atendido y rompió con dos triples para mantener el marcador siempre a tiro (49-53). Leo Gutiérrez quería adueñarse de los ataques, pero Quilmes lo obligaba a penetrar, no lo dejaba tirar de tres y recibió dos tapas (con falta no cobrada) de Ghersetti. “Faca” pudo dejar el juego a uno con dos triples que salieron de adentro y otra vez se empezaba a calentar adentro. Peñarol entró en un momento de confusión que el “tricolor” aprovechó para equilibrar las acciones (55-57), pero no podía pasar al frente por yerros y porque el conjunto de Rivero ganaba ampliamente el duelo de rebotes y anotaba en segunda jugada. Igual, con dos libres de Baxley igualó en 59 con 1’35 en el reloj. Ninguno de los dos estaba claro en ataque, Piñero fue el corazón de Quilmes en el cuarto y marcó el 61 iguales con el que se fueron al último descanso corto.

Peñarol arrancó mejor el cuarto definitivo, metiendo la pelota en el poste bajo para Leiva que ganaba y le sacó la cuarta falta a Ghersetti. Encima, Quilmes no la metió en los primeros dos minutos y la “visita” se alejó por 6: 61-67. El “milrayitas” ajustó decididamente la defensa y empezó a escaparse, porque rotó bien la pelota, paró un equipo alto y, con un triple de Weigand sacó la máxima de 8 (63-71) a falta de 6’50”. Una falta de Johnson y la posterior técnica por correr, le dio la posibilidad a Baxler de descontar desde la línea, anotó los cuatro libres, pero en la recomposición, Campazzo sacó a relucir su “viveza”, se dejó caer, le cobraron la falta a Sahdi y frenó el envión. Pero Quilmes no se rindió y con un doble de Romero (falló el libre por la falta recibida) dejó el juego a dos: 71-73. Del otro lado, Leiva hizo exactamente lo mismo, anotó, no pudo hacer la jugada de tres, pero le dio ventaja de cuatro. El rebote del libre, se le fue a Romero, Peñarol sacó y Campazzo puso el partido 71-78 con una “bomba” en 45 grados.

El final fue para el infarto. Porque el “tricolor” siempre se mantuvo en juego y porque estaba muy caliente dentro del rectángulo, con muchas discusiones, empujones y varios jugadores cargados de faltas. Las cortinas eran cada vez más duras, la defensa de Quilmes se volvió impasable y, desde la línea, se le puso a uno (77-78) a 3’13” para el final. El “cervecero” le dio tres chances a Peñarol de definirlo, pero lo desaprovechó y Baxley volvió dejarlo a uno con 49” en el reloj. Otra pérdida pudo aprovecharla Quilmes para pasar al frente, pero Piñero falló el triple. Quedaban 28” y Campazzo agarró la pelota, la tuvo, la guardó, consumió hasta el último segundo, fue para abajo, se encontró con Romero y tirándose para atrás, casi caído, la metió con tablero para dejar a Quilmes con la obligación (79-82) en los 10”57 restantes. La primera oportunidad la dejó pasar con una ofensiva rara, Sahdi la tiró afuera, la tocó Leo Gutiérrez y le quedaban 6”72 para la hazaña. Hazaña que no llegó, porque la última bola fue de Romero, que se sacó de encima la marca de Leiva y Boccia, se levantó de tres, pero la pelota rebotó tres veces en el aro, no quiso entrar y sentenció el triunfo de Peñarol por 82 a 79, en una noche inolvidable en el Polideportivo Islas Malvinas.

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