Restauran las Reducciones de Santa Ana para el turismo y la conservación

El arquitecto de la UBA, Carlos Pernaut tuvo a su cargo la obra de puesta en valor de las Misiones Jesuíticas de Santa Ana, ubicadas a unos 40 kilómetros de Posadas. Con las arqueólogas, Ruth Poujade, de Misiones, y María Victoria Roca, de la Universidad Nacional de Rosario trabajaron durante un año y medio para reparar el antiguo pueblo jesuítico de más de 400 años, y recuperar para el turismo y la conservación
En el lugar actualmente hay mucho para ver, se puede visitar a través de un sistema de pasarelas, la planta urbana de lo que era la Reducción, el Templo, escalinatas, el cementerio jesuítico utilizado después por los colonos. Como distintivo, todo el conjunto jesuítico se enmarca en la naturaleza, y además están los avistajes de aves en diferentes épocas del año.

Pernaut explicó que la obra se licitó y la ganó la empresa Carlos Enríquez , que lo contrató a él como experto en conservación de patrimonio, y a la arqueóloga misionera Ruth Poujade, quien dirigió toda la parte de arqueología, en tanto la arqueóloga María Victoria Roca, de la Universidad Nacional de Rosario, tuvo a su cargo vivir en el lugar en forma permanente, dado que había hallazgos en forma continua.

Los especialistas mencionados dieron una charla explicativa de la puesta en valor de las Reducciones de Santa Ana, en el museo Andrés Guacurarí, a la que asistieron entre otros, la directora General de Patrimonio Cultural y Museos de la Provincia, Marta Bordenave; el vice-presidente de la Junta de Estudios Históricos de Misiones y de la asociación Flor del Desierto, respectivamente, Alejandro Larguía, el director del programa de Misiones Jesuíticas de la Provincia, José Luis Pozzobon, además de estudiantes.

Esta es la continuidad de toda la obra en puesta en valor, tanto de las Ruinas de San Ignacio y de Santa Ana. Esta última es una obra nueva ya que no se había hecho nada, en cambio San Ignacio es la principal obra de restauración que la Argentina encara en el siglo XX, dijo Pernaut.

El arquitecto señaló que trabajar sobre la obra de San Ignacio “implicó trabajar sobre los preceptos que dejaron las personas que actuaron a principios del siglo XX, en cambio en Santa Ana está todo por hacerse, nunca se hizo nada”.

Recordó que cuando vino por primera vez a trabajar, a mediados de los 70 en un grupo de la Universidad del Nordeste y la UBA que hizo un relevamiento de todas las Misiones, y en ese momento entrar a Santa Ana fue ir acompañado por el Ejército que a golpes de machete abrir caminos para llegar a la plaza central lleno de vegetación que no dejaba ver las Ruinas.

Los relictos de Santa Ana se extienden mucho, el centro de información actual está muy cerca de lo que era la plaza.

Se hacían informes diarios, semanales y mensuales y ahora trabajan en una síntesis que derivará en una publicación, por la enorme cantidad de información, y todo debe quedar documentado para cuando sigan estos trabajos puedan saber de dónde salió el material que fue desechado, porque tanto en San Ignacio como en Santa Ana se encontraron piedras que no fueron ubicadas en sus lugares, y debieron ser numeradas y establecer de dónde se han sacado.

"Santa Ana está desconocida"

Con la restauración, el arquitecto Pernaut sostuvo que “actualmente Santa Ana está absolutamente desconocida, porque todo el frente de la plaza ha sido trabajado, la Casa de los Padres que tiene escalinatas magníficas, el frente del templo se ha sacado toda la vegetación que la coronaba, en muchos casos bajo protesta porque la gente estaba acostumbraba a ver esos árboles que crecían altos pero pesaban y las raíces se metían en los muros , se balanceaban con el viento y los destruían".

Actualmente por los cambios notables realizados, dijo que se puede visitar el Huerto, hacer recorridos, hay formas de subir y bajar pendientes.

Pernaut es de la UBA, donde tiene una cátedra de Historia y está en el curso de posgrado de Conservación del Patrimonio.

Dijo que se ha cumplido con la mitad de la licitación en cuanto a dinero que aporta el BID, para restaurar tanto San Ignacio como Santa Ana. En la segunda etapa irán al rescate de las Ruinas de San Javier y de Santa María la Mayor.

Conoció las Ruinas de San Ignacio cuando era estudiante de Arquitectura y había venido a Misiones como mochilero por primera vez

Cómo fue la restauración

Por su parte, la arqueóloga María Victoria Roca dijo que trabajó como arqueóloga de sitio, para hacer un seguimiento arqueológico para todas las actividades de obra, durante un año y medio el tiempo que tuvo lugar la intervención en las Reducciones.

Consistía en el entrenamiento permanente del personal que trabajaba, colaboración con registros fotográficos, dibujos y croquis, en cuestiones más específicas, por ejemplo durante la realización de trincheras o destapes que posibilitaran la continuidad de la obra.

Ejemplificó al bajar un muro, “si uno se encuentra con un derrumbe como fue el caso de Santa Ana en muchas ocasiones debió hacerse según técnicas específicas de la arqueología, se hicieron trincheras para posibilitar la continuación de esos trabajos”.

Roca, quien es licenciada en antropología con orientación en arqueología explicó que otro aporte fundamental fue la recuperación controlada de los materiales, al respecto la arqueóloga rosarina dijo que “todos los materiales de obras están registrados en una planilla, se sabe de dónde salieron, hay que tener en cuenta la escala macro y la escala micro, desde los paños más grandes hasta los clavitos más chiquitos, las piedras de los muros se llaman ‘ sichares’ de areniscas, y las piedras ‘Itacurú’, pero fundamentalmente hay piedras areniscas”.

Contó que se han encontrado también muchos clavos de diferentes formas y tamaños, bisagras, revoques de diferentes tipos, todo lo cual fue reacondicionado al final de la obra para posibilitar la conservación del material. En el momento que concluyó la obra se entregó y el seguimiento de esos materiales debe ser hecho, dijo.

Señaló que había muros muy comprometidos, como el caso paradigmático para Santa Ana como era el muro con un gran agujero que estaba en situación de colapso. No se lo apuntaló, “la obra permitió una nu8eva visualización de todo el conjunto, a partir del retiro de los apuntalamientos, se intervinieron los paños mediante técnicas de desarme y rearme y eso permite que hoy las paredes pueden sostener solas sin riesgo de colapso. También se rearmó y se aplicó la técnica de ‘caping’ siempre registrándose todo lo que se fue haciendo”.

También para posibilitar la visita del turista se hicieron rampas y pasarelas que conduce a los diferentes espacios desde el comienzo, también personas con discapacidades puede entrar tranquilamente y visitar el templo, el colegio, los talleres y al Huerto, todo dirigido por este sistema de pasarelas que se instalaron, y también hay carteles explicativos.

No quiso olvidar que la integridad del conjunto permite además integrar el marco de la Naturaleza que brinda la Reducción, así como el avistaje de aves en determinadas épocas del año.

Cuando se accede al viejo pueblo se tiene a los costados la tira de las viviendas de los indígenas, en la puesta de valor también fue recuperada una de las Capillas de acceso a la izquierda, por lo que se puede visitar el templo, el cementerio, el cotyguazú, el colegio donde se pudo recuperar una gran cantidad de columnas, en los talleres se puede ver el sistema pluvial que pasa por debajo de las fundaciones para ir al huerto y desembocar en el estanque jesuítico.

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