La responsabilidad pública y el odio de los pueblos

La responsabilidad pública y el odio de los pueblos

Beatriz Rojkés atribuyó a los 500 millones de árabes del mundo características casi monstruosas

Cuando Beatriz Rojkés tomó el teclado para expresar su opinión sobre el conflicto en Gaza, se abocó a la tarea de copiar una carta abierta que de una ciudadana británica, Mindy Wiesenberg. Se ocupó de eliminar la firma de la mujer, omitir frases enteras y modificar otras para simular que eran palabras propias. El plagio, en este caso, es el mal menor.

El problema reside en la manera en la que Rojkés se refiere al pueblo palestino, que ya sufrió el asesinato de 1.500 personas, la mutilación de más de 6.000 y el desarraigo de 200.000. La mayoría, mujeres y niños. No les otorga si quiera el beneficio de la nacionalidad.

Rojkés se refiere vagamente a ellos como "los árabes”. Ignora la senadora (o no, quién sabe) que el pueblo árabe no se limita a los habitantes de Gaza. Definir a una persona como "árabe” es complejo: el término puede referirse a quien comparte esa lengua, utilizada como oficial en al menos 25 países; o a quien habita la península arábiga, integrada por diez naciones. También se puede considerar árabe a aquel descendiente de las tribus nómades que surcaron el oriente medio. El pueblo árabe es extenso, incontable y diverso. Muchos profesan la religión islámica otros, la católica o la judía. Arrastra, como todos los pueblos de la tierra, una historia plagada de injusticias, sacrificios, valentía y riqueza cultural.

Cuando Rojkés asegura que "lo único que los árabes quisieron hacer es destruir Israel", se refiere a a más de 500 millones de personas distribuidas en al menos 30 países, cuya condicción de existencia sería la destrucción, como si más allá de ese objetivo no hubiera nada. Más tarde cita a la ex primer ministra israelí Golda Meir, y afirma que "sólo tendremos paz con los árabes cuando ellos amen a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros”. Los árabes, según estas dos dirigentes políticas, ni siquiera aman a sus hijos. "Podemos perdonar a los árabes por matar a nuestros hijos. No podemos perdonarles por obligarnos a matar a sus hijos”. Rojkés reconoce que Israel asesina niños, pero la culpa es de los árabes, que no los aman.

Afirmaciones de este tenor no son aceptables desde el punto de vista de los Derechos Humanos, bandera que Kirchnerismo (movimiento del cual ella es referente), levanta en sus discursos. Estigmatizar a un pueblo, afirmando de él que su único móvil es el odio y que no son capaces si quiera de sentir amor por sus propios niños, resulta, a todas luces, discriminativo. La humanidad está llena de monstruos, sin embargo, no se puede afirmar que un pueblo esté compuesto íntegramente por ellos.

De hecho, no es el pueblo árabe quien arroja misiles hacia Israel. Ni siquiera es el pueblo Palestino, ni los habitantes de Gaza. Son los miembros de Hamas, la organización que ocupa el gobierno de Palestina y a la que Estados Unidos y la Unión Europea consideran terrorista. Rojkés bien podría haber condenado su accionar, sin extender la culpa al pueblo árabe.

Que un representante del pueblo estigmatice de otro o justifique su masacre, recuerda, dolorosamente, a la creencia impuesta desde el nazismo de que se debía terminar con el "problema judío”. Y si el culpable no es Hamas, sino "los árabes” ¿Terminará la ofensiva cuando esté desarticulado el movimiento? Porque todavía quedarán millones de monstruos sin amor intentando destruir a Israel. La paz, entonces, no llegará nunca

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