Decir que el tránsito de Resistencia es un monumento a la anomia y a la falta de autoridad, no es un secreto. Pero constatar hasta qué punto las calles se transformaron en zona liberada para todo tipo de infracciones, asombra.
La elección recayó en el semáforo de cuatro tiempos ubicado en el cruce de avenida Castelli con calle 4, una zona en la que el tránsito debería ser más que controlado, ya que allí, en meses de actividad normal, hay una gran circulación de peatones.
Hay que tener en cuenta que en las inmediaciones están nada menos que la Universidad Nacional del Nordeste, el Instituto San Fernando Rey, una escuela privada (la de la iglesia evangélica ubicada frente a la Unne), dos escuelas públicas próximas, y barrios (por ejemplo, Llaponagat, Villa Itatí y Villa Federal, entre otros) que forman parte de un área de la ciudad en la que la relación entre superficie ocupada y espacios verdes es enfermiza, muy por debajo del mínimo recomendado por los especialistas en urbanismo.
Los números
Ayer, entre las 10.30 y las 11.30 de la mañana, este diario anotó 112 cruces en rojo protagonizados por bicicletas (de cada 15, sólo una se detiene cuando no hay luz verde), 81 de motocicletas (la relación anterior no varía mucho) y 46 de automóviles, camionetas y vehículos de cuatro ruedas en general. En total, 239 maniobras de las más peligrosas que pueden realizarse en una ciudad, y todas realizadas con total naturalidad por sus ejecutores. Además, facilitadas por la absoluta ausencia de controles municipales o policiales. Los vecinos dicen que en realidad allí nunca los hay.
El asunto se relaciona con otra cuestión más: pareciera que los operativos de tránsito (incluidos los destinados a lograr el uso de casco por parte de motociclistas) son sólo para el centro. En los barrios y en la periferia, el todo vale es la norma que rige las 24 horas. Eso también permite que circulen vehículos en pésimas condiciones mecánicas, sin luces ni frenos, listos para ocasionar una tragedia de la que luego nadie se hará cargo.
Ayer, en la esquina señalada, este diario también observó esas situaciones, así como ciclistas conduciendo sin tomar sus manubrios para poder enviar mensajes en un teléfono celular, madres haciendo cruzar niños por el medio de la avenida cuando el tránsito en el lugar es caótico, motos a gran velocidad haciendo zigzag entre autos y camionetas, y vehículos de todas las categorías (desde los más humildes hasta los más lujosos) haciendo caso omiso del semáforo, como si el artefacto y sus luces fueran un elemento decorativo. Y de hecho, en eso se convirtió.
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