Los inefables lomos de burro y los baches están haciendo estragos en Resistencia. Los primeros, por una decisión del municipio de elegirlos como herramienta para reducir la inseguridad vial que generan los excesos de velocidad.
Los segundos, porque vienen ganando ampliamente la batalla que les libra (o debería librarles) la comuna. Incluso en la zona céntrica, territorio que en teoría siempre tuvo un cuidado más esmerado por parte de las intendencias de turno. En la materia, si de algo no pueden quejarse los vecinos es de que no haya para todos los gustos.
Hay baches nuevitos, baches viejísimos, baches pequeños, baches gigantes, baches tímidos que se ponen en un costado, baches egocéntricos que se instalan en medio de la calle, baches muy higiénicos, baches mugrientos. De todo. Lo único que no hay son baches señalizados.
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