En la tradición judía, así se dice en el talmud, se prohíbe expresamente la adivinación y cualquier intento de escrutar en el futuro. Quizás como resultado de esa limitación legal, los judíos, relata Walter Benjamín, se dedicaron a escarbar en el pasado y a insistir en la rememoración.
La fluidez que corre entre lo acontecido y lo actual constituye, desde esa perspectiva milenaria, la fuente de nuestra manera de estar en el tiempo y de habitar la vida histórica.
Lo que supone esta inclinación interpretativa es tratar de analizar los múltiples pronósticos sobre posibilidades que se abren, evitando el lanzamiento al frenesí de la adivinación, ahora ya sin considerar el tiempo crepuscular del kirchnerismo, o mejor expresado y ya en la frase acuñada opositora “ el fin de ciclo”.
Las repeticiones de campaña, otrora divulgaciones políticas de base ideológicas-partidarias, hoy convertidas en redundancias con apocopes que evidencian fragilidad doctrinaria, y para peor de pensamientos ajenos, repetidos casualmente cuando el ciclo de renovación de 2009, luego de las repercusiones de un 2008, arduo y conflictivo, toca a su fin; coincide con un trazo de la historia reciente muy difícil que se vuelva a repetir.
Las misturas delinearon perfiles heterodoxos devenidos frentes, en el que dirigentes no políticos, como se autodefinieron, irrumpieron en la oferta electoral, con un desconocimiento y aun con una falta de información, privativo de sus ideas, que hicieron fracasar no solo sus actuaciones personales, sino las aventuras sin retorno de partidos políticos bien constituidos, que pese a ello, declinaron ante la contundencia de un acontecimiento político-económico rayano en lo ficcional que confundió a más de uno, impidiendo cualquier comprensión racional de lo que efectivamente sucedía.
El fin de ciclo, hoy coreado cotidianamente, no especifica, en boca de sus anunciantes, como se lo presentó en aquel momento, detalles emergentes, de cómo, cuándo y por qué, como ocurre en esta nueva instancia, donde las argumentaciones parecen mala palabra, y la mayoría se empeña en errarle a diario por falta solo de información, que al menos sería lo básico que se pueda pretender de alguien con posturas serias a una posibilidad de ejercer un cargo.
Visitas casi guiadas, de dirigentes importantes, que se dedican a repetir problemática regional por libretos de lugareños, que son mal trasmitidas o carecen de rigurosidad de conocimiento hacen aparecer a esos dirigentes como lo que realmente ocurre, nada saben a ciencia cierto lo que está sucediendo en el territorio donde plasman soluciones en encendidos discursos que distan y no en detalles, de las situaciones específicas.
Escuchar ya, vilipendiar sobre fondos que no llegan a un distrito, cuando el incremento anual de esas llegadas ha sido de más del cincuenta por ciento, alentar sobre la municipalización del Puerto Rosales, donde la ley definitiva duerme hace dos años, con un trabajo de las involucrados de hace casi una década, aparecer como innovadores ya no en la re-re elección presidencial, cantinela de los últimos tiempos, sino en la reforma de la ley orgánica de las municipalidades para la no repetición indefinida de los periodos de los intendentes, proyecto oficial conocido hace más de dos años, integran ideas de otros, plagiadas de la peor manera.
Todo esto no aparece como original, menos aun copiando archivos de proyectos ajenos o inexactitudes que en boca de pseudoespecialistas no realzan proposiciones vivificantes que al menos a sus seguidores inciten a confiar en el desempeño de las personas que soliciten apoyo electoral.
Quizás estemos atravesando el último recodo de una cultura en la que la argumentación se ve acosada por la simplificación banal, eludiendo de esa manera la interpelación crítica de sujetos capaces, subestimando la posibilidad de interactuar con cada una de esas opiniones. La pasividad de individuos masificados cuasi anestesiados detrás de cualquier propuesta, la que sea, no nos llevara a una construcción política duradera.
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