Ayer los teléfonos particulares y del diario no dejaron de sonar. Es raro que un procesamiento por estafa genere esta “simpatía” hacia nosotros. Sin embargo, la gente entendió el Vía Crucis que padecimos durante estos meses, peleando solos contra una campaña de desprestigio brutal que se metió con nuestro nombre, trabajo, familias y hasta intentó llegar al Obispo con una recolección de firmas que estuvo basada en la estafa y la mentira.
El lunes los teléfonos particulares y del diario no dejaron de sonar. Es raro que un procesamiento por estafa genere esta “simpatía” hacia nosotros. Sin embargo, la gente entendió el Vía Crucis que padecimos durante estos meses, peleando solos contra una campaña de desprestigio brutal que se metió con nuestro nombre, trabajo, familias y hasta intentó llegar al Obispo con una recolección de firmas que estuvo basada en la estafa y la mentira. Por eso en LA VERDAD no hay enojo ni alegría por la decisión judicial. Hubiéramos preferido que esta situación jamás se diera, y que profesionales a quienes respetábamos evitaran sumarse a una campaña de desprestigio que, en el fondo, tenía como “origen” envidias y otras miserias que no vale la pena reseñar.
Todos los días hacemos este diario sin mirar a los costados ni enojarnos con el éxito del otro. Además, deseamos que la honorabilidad no sólo alcance a la clase política sino también a los sindicalistas. Los trabajadores merecen algo mejor, se ganaron ese derecho.
l mismo tiempo esperamos que Carreras, de una vez por todas, entienda que debe cambiar su vida. Empezó robando camiones a mano armada por pura ambición económica (el mismo lo admite), y en cuanto el destino le da la oportunidad de dar vuelta su historia, vuelve a una trama de engaños y mentiras. Ojalá reflexione y vea lo generosa que ha sido la sociedad con él. Tuvo otra chance que desperdició, algo que muchas veces ni siquiera aquellos que se “portan bien” tienen.
La Dirección
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