Las relaciones con Argentina: entre el comercio y la causa AMIA

Primero fue el “Memorándum de Entendimiento” con Irán por la Causa AMIA del 27 de enero, y después esta semana la cadena nacional de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que el jueves a la noche anunció que lo enviaba al Congreso para su aprobación, lo que puso en el centro de la agenda política la relación entre Buenos Aires y Teherán.
Negociar con Irán no es negociar con cualquier país y menos en este momento donde la presión de los países occidentales para que permita inspeccionar sus plantas nucleares -sospechadas de avanzar hacia un uso de la energía atómica sin fines pacíficos- se encuentra con una negativa cada vez más fuerte. También fue en esta semana mientras Buenos Aires y Teherán se acercaban, que el vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, ofrecía negociar con Irán, propuesta que fue rechazada.

Pero desde su despacho de la Casa Rosada, y en su defensa por el acuerdo alcanzado con el gobierno de Mahmud Ahmadinejad, la presidenta argumentó contra quienes veían detrás de este entendimiento un interés comercial que la Argentina “nunca detuvo” el comercio bilateral con Irán a pesar del atentado contra la mutual judía en 1994, que dejó 85 muertos, y donde según el fiscal especial que investiga la causa, existen pruebas sobre la supuesta mano de funcionarios iraníes detrás de la explosión de la calle Pasteur. Incluso la presidenta invitó a “averiguar” quiénes son los que “venden granos” a la República Islámica, mientras aseguraba que “nunca se detuvo el comercio con Irán, los únicos años, sobre todo en materia de granos, fueron 2003 y 2004, y no por decisión de empresarios argentinos, sino por un boicot de Irán al país por el tema AMIA”. Las estadísticas del INDEC muestran que las exportaciones desde Buenos Aires a Teherán entre 2010 y 2012 fueron por más de mil millones de dólares. Entre las compañías figuran Cargill, Louis Dreyfus Commodities Argentina, Bunge Argentina, Oleaginosa Moreno Hermanos, Nidera, Molinos Río de la Plata, Aceitera General Deheza, Asociación de Cooperativas Argentinas, ADM Argentina, y Vicentín. Algunos de estos nombres provocaron las críticas de la Asociación de Familiares y Amigos de Víctimas de la AMIA que aseguraron que les producía “cierto tipo de escozor que algunos de los que realizan transacciones comerciales sean de origen judío”. Además de las sospechas sobre el rol en la AMIA, Irán es un país que niega el Holocausto como hecho histórico. Desde Teherán, la prensa oficial también se refirió a la relación bilateral, cuyo comercio se multiplicó en los últimos años, cuando América Latina pasó a ser un socio a seducir por Irán para contrapesar el boicot que su política nuclear despertaba en un grupo de países encabezados por EE.UU. El gran socio en esta cruzada, y que acompañó la retórica antimperalista, fue siempre Venezuela.

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