Por: Osvaldo PepeEl Gobierno vive a los saltos para apagar los incendios que él mismo provoca: no han sido pocas sus torpezas políticas desde que el estreno del nuevo Congreso lo obligó a bajarse de la obcecación de no reconocer la conformación de fuerzas surgidas del voto de junio.
Es así que para tapar sus reveses, el Gobierno insiste en mostrar a su vice como un estorbo institucional: Cristina viene de bajarse de un viaje a China, en una puesta en escena con gusto a escándalo, aun al costo del desaire al país que todos los analistas pronostican como la potencia que dominará el siglo XXI. Un consultor explica que en sus mediciones todo aquello que los Kirchner demonizan, pega un salto cuantitativo ante la opinión pública. Si estuviera en lo cierto, hay que decir que es el propio kirchnerismo el que reinventa a Cobos cada vez que puede.
La primera reinvención fue cuando el dedo de Kirchner lo puso en la fórmula con Cristina y lo llevó de ser un radical con poca historia y un pasado de módico gobernador, a la vicepresidencia de la Nación. Lo reinventó por segunda vez con la Resolución 125 por no negociar a tiempo con el campo, la noche del temeroso voto en la madrugada que tumbó lo que la política ya había sepultado. Y ahora, raudo, el kirchnerismo va por la tercera reinvención, donde en simultáneo le pide que se vaya, pero a la vez lo presiona para apurar la vía parlamentaria en el despido de Redrado. Ni la mejor agencia marketinera ha hecho tanto por el futuro político del vicepresidente. Ni el propio Cobos, claro. Lo que se dice, una "confabulación".

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