Mientras la inseguridad, la falta de trabajo, la falta de agua, la mugre, la droga y la delincuencia florecen en la ciudad, el intendente Javier Pucharras dedica todos sus esfuerzos a perseguir a quienes piensan distinto.
El jefe municipal es dueño de varios medios de comunicación, que censuran y atacan a quienes no están alineados con el oficialismo.
Por otra parte, un equipo de hackers -supuestamente con apoyo del gobernador José Alperovich y organismos nacionales de inteligencia- se dedican a difamar y ensuciar a los opositores.
Lo mismo ocurre con las pintadas difamatorias, acusando de pedófilos y otras iniquidades a quienes osaron desafiar el poder de Pucharras.
Entre muchas otras acciones de amdrentamiento, la concejala Olga Fernández denunció haber sido víctima de extorsiones y amenazas anónimas.
El día que comenzaron las intimidaciones telefónicas, antes y después del primer hecho, de la misma línea de telefonía celular desde la cual se amedrentó a la edil, se efectuaron dos contactos. En el primer caso, al celular que atiende un funcionario de la Municipalidad taficeña. En el segundo, al teléfono fijo de la secretaría de Pucharras. La causa está en la Justicia.
El primer mensaje lo recibió el 27 de abril del año pasado. "Olga renunciá al Concejo. Deja de hacerle daño al jefe", decía el mensaje. Agregaba que si ella no dimitía a su banca, iba a ser injuriada pública y masivamente. "Tucumán se va a enterar", amenazaba.
La segunda extorsión llegó el 2 de mayo. "Renunciá, no hagas que salgan los panfletos. Los van a leer tus hijos", era el contenido del texto. El mismo mensaje fue reiterado el 16 de mayo. Ese día le enviaron un segundo SMS. "No me olvidé. Te doy una semana para que renuncies. Sos una pena".
La Iglesia es otro blanco de los ataques furibundos de Pucharras.
En junio pasado, la tradicional fiesta de San Antonio, el patrono de la ciudad de Tafí Viejo, fue utilizada por el intendente Pucharras para lanzar una feroz diatriba contra la Iglesia Católica en su conjunto.
Muy irritado porque el sacerdote Julio Barbarino recientemente había aludido en un sermón a los graves problemas que atraviesa Tafí Viejo (inseguridad, droga, abusos a menores, falta de trabajo, etc.), Pucharras dedicó su discurso a hablar del Banco Ambrosiano, los abusos, los millones de dólares en juego, la corrupción en el Vaticano, etc.
A Pucharras, un empresario que hizo su fortuna con las maquinitas de juego (y ahora lleva años haciéndose millonario de la mano del gobernador José Alperovich), no le importó que frente a él (además de sus punteros rentados) hubiera familias que deseaban disfrutar en paz de una fiesta muy cara al sentimiento de los taficeños, compartiendo con amigos y observando luego los habituales fuegos artificiales.
En cambio, niños, jóvenes, mujeres y hombres tuvieron que soportar el lamentable discurso de un Pucharras envenenado de odio y soberbia, que hizo gala de intolerancia, pisoteando las instituciones, mintiendo sobre supuestos logros de gestión, y sin recordar ni por un instante los padecimientos que viven los taficeños.
El abucheo y los silbidos surgieron espontáneamente contra el intendente, quien en lugar de llamarse a silencio, y desbordado emocionalmente, insistió con sus insultos.
Esta clase de dirigentes son los que han florecido durante una década de alperovichismo en Tucumán.


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