En la Región también hay muchos devotos al Guachito Gil

El primer milagro del Gachito Gil sucedió poco después de su muerte. Desde entonces, el mito de Antonio Gil se extendió desde Corrientes a todo el país. En la Región también es celebrado el 8 de cada mes, con una fiesta popular en la que se reúnen los vecinos para recordar a este santo pagano.

Minutos antes de que su verdugo le diera muerte, le dijo: “No me mates, que ya va a llegar la carta de mi inocencia”. Ante la indiferencia de su ejecutor, siguió: “Cuando llegue la carta vas a recibir la noticia de que tu hijo está muriendo por causa de una enfermedad; cuando llegues rezá por mí y tu hijo se va a salvar, porque hoy vas a estar derramando la sangre de un inocente”. Esas fueron sus últimas palabras.

El mito del Guachito Gil nació en su provincia natal, Corrientes, pero se extendió con el tiempo a otras partes del país.

“Se cierra la calle, se pone música para que la gente baila, se ponen las mesas para que la gente coma”, cuenta una vecina de Ingeniero Budge en plena celebración del santo profano. Los 8 de cada mes, se reúnen decenas de vecinos se reúnen para dar comienzo a una celebración que tiene mucho de color y mucho de ritmo correntino.

Los puestos de comida en la calle, las decenas de banderas rojas que componen el paisaje y las versiones del guacho en miniatura, en estampita, en un mate, en una remera o un llavero, forman parte de la celebración que tiene lugar cada 8 enero, fecha en la que Antonio Gil fue asesinado y en la que concretó su primer milagro.

Ese hombre que lleva un pañuelo rojo en el cuello, unas boleadoras, una camisa celeste, unos bigotes importantes y una cabellera profusa es la imagen de un mito en el que miles de personas creen. Por respeto, por devoción, por necesidad, es su figura en la que se concentran innumerables promesas y pedidos.

Ese integrante del “santoral profano”, santo que no es reconocido por la Iglesia como tal, nació en la localidad correntina de Pay Ubre, actual Mereces, allá por 1847. Su nombre completo era Antonio Mamerto Gil Nuñez y, dependiendo del relato, era un trabajador rural o un forajido que robaba a los ricos para repartirlo entre los pobres.

Según cuenta la lengua popular, este devoto de San la Muerte combatió en la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) y, a su regreso, fue reclutado por el Partido Autonomista, más conocido como “los colorados”, para luchar contra los liberales en la guerra civil correntina. Pero desertó.

Como la deserción era pagada con la muerte, cuando lo capturaron lo ataron de un árbol y, sea con un arma de fuego o con un cuchillo, le dieron muerte en ese lugar.

Las palabras que le dijo a su asesino terminaron por cumplirse por lo que le dieron un entierro apropiado y le construyeron un santuario. El mito del Gauchito Gil había nacido.

Actualmente su tumba se encuentra a ocho kilómetros de Mercedes, lugar donde se encuentra su mausoleo – repleto de placas de agradecimiento -, banderas rojas y una gran cantidad de ofrendas como juguetes, estampitas con su figura, cartas, flores, cintas y velas.

La tradición dice que hay que dejar una cinta atada a las miles que hay allí y retirar otra, ya bendecida por el santo, que se coloca en la muñeca o en el lugar que cada cual prefiera para que lo proteja o lo ayude.

Sea para pedir protección en un viaje, para combatir a su adorado San la Muerte o para tener buena fortuna, el Guachito Gil se mantiene vigente en el folclore popular del pueblo argentino.

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