Región del oeste bonaerense: de la inundación a la sequía

El Hidrogeólogo, Dr. Jorge R. Mugni elaboró un informe especial para La Opinión sobre la sequía que afectó los últimos años el noroeste de la provincia de Buenos Aires y la posterior inundación del año 2012 y la situación del año pasado de escasas lluvias analizando sus efectos sobre las napas y la cantidad de agua.

En el territorio de la Provincia de Buenos Aires, pueden distinguirse distintos ambientes hidrológicos caracterizados por un determinado tipo de geomorfología, drenaje superficial, geología e hidrogeología.

Uno de estos ambientes hidrológicos es el denominado Noroeste. Esta región, abarca una superficie de más de 70.000 Km2 y constituye una enorme cuenca endorreica, carente de cursos superficiales, en donde todo el escurrimiento (superficial y subterráneo) se dirige hacia su eje central, el cual guarda una buena coincidencia con el trazado de la Ruta Nacional Nº 5.

Esta zona a pasado por periodos de sequía e inundación, por ejemplo, en el período 2007 – 2009 se caracterizó por la sequía

En este ámbito, la seca que se extendió entre 2007 y 2009, llevó a que la profundidad del agua subterránea se ubicara a varios metros (4 m, 6 m o más). Fue común, durante este período, observar secas las lagunas ubicadas a la vera de la Ruta Nac. Nº5.

En el ápice de la sequía (año 2009), resultó increíble ver totalmente secas, en Bragado, a la Laguna Municipal y a la Laguna de Bragado con una superficie de 8 y 4 km2, respectivamente, como así también al canal que une esos complejos lagunares con el Aº Saladillo.

Mientras que en el período 2010 – 2011 fue de recuperación pluviométrica, y puede aseverarse que este período, con 900 mm de lluvias anuales, marca el fin de la seca e inicio de la recuperación de la napa a partir de la regularización del régimen pluviométrico.

Inundación

Enero de 2012 marca el fin de la seca y el inicio de un periodo húmedo que se extendió hasta enero de 2013. Tal fue la virulencia del fenómeno climático que en tan sólo los primeros seis meses del año llovió el agua que, en los años de precipitaciones regulares, cae en el año. El problema se desencadenó cuando, en el segundo semestre del año, las lluvias continuaron con la misma intensidad.

La magnitud de las precipitaciones produjo una vertiginosa recuperación de la profundidad del agua subterránea. Quien suscribe, pudo constatar que en sitios en donde el agua subterránea se hallaba, en el año 2010, a 6 m de profundidad pasó a situarse en septiembre de 2012 a 2 m de profundidad. Pero, en sectores en donde en años anteriores, se situaba a casi 3 m de profundidad, por ejemplo, en Trongé, en septiembre de 2012 lo hacía a tan sólo 60 cm; y ello sí estaba marcando una situación grave, porque el mantenimiento del ciclo húmedo pasó a generar que el problema de "falta de piso" para el ingreso de las sembradoras, cosechadoras y camiones, que hasta ese momento se hallaba focalizado a ciertos campos comenzara a extenderse.

¿Qué fue lo que sucedió, entonces, en el transcurso de 2012?. Sucedió que, a diferencia de lo que ocurre con el agua superficial -en donde el agua una vez que se encauza circula a una velocidad de metros por segundo-, en el caso del agua subterránea la velocidad de circulación es de tan sólo algunos centímetros por día. Entonces, como el sistema subterráneo continuó recargándose en forma constante durante todo 2012, esa recarga originó su presurización y como esa presión no puede ser liberada de manera horizontal (por la baja velocidad con que circula el agua), el sistema hídrico subterráneo liberó la presión -producto de toda la recarga que tuvo lugar en el área- de manera vertical, ascendiendo así el nivel del agua subterránea.

Agua subterránea

Al mantenerse en ese período el desequilibrio, es decir, el ingreso de agua subterránea, producto de la infiltración de las lluvias, era mayor a la posibilidad de egreso del sistema. El ascenso de la napa terminó transformándose en anegamientos de sectores bajos y luego en inundación.

La inundación fue de tal magnitud que una veintena de distritos fueron declarados en emergencia por el gobierno bonaerense. Uno de los casos más dramáticos fue el del partido de Pehuajó, el cual llegó a tener el 80% de su territorio inundado.

A los efectos de entender un poco más el proceso ocurrido durante 2012, se puede ensayar una cuantificación macro del mismo.

A partir de balances hídricos a nivel de suelo, se ha establecido que el porcentaje de infiltración en esta región se ubica en aproximadamente un 20% del precipitado, con lo cual se obtiene una infiltración media de 150 mm para los primeros ocho meses de 2012.

Considerando la superficie del área (70.000 Km2) y la infiltración citada (150 mm), resulta que la recarga del acuífero asciende a 10.500 Hm3.

Ahora, ¿en qué se pierde esa recarga?. Bien, una parte se consume en el abastecimiento de las localidades (la totalidad de las localidades ubicadas en el noroeste provincial emplean, para su abastecimiento, agua subterránea). Tenemos 30 localidades importantes, que son las cabeceras de los distritos comprendidos en la región. Considerando un consumo promedio individual de 10.000 m3/d, se tiene para las treinta localidades y en los primeros ocho meses de este año, un consumo de 72 Hm3.

Otra parte, de los 10.500 Hm3 de agua infiltrada en esos primeros ocho meses del año 2012, se irá del sistema en forma subterránea, como escurrimiento subterráneo a través del proceso conocido técnicamente como efluencia subterránea. Considerando, una permeabilidad del depósito sedimentario por donde circula el agua subterránea de 5 m/d y un gradiente regional de 0,25 m/km, se puede concluir en que la salida de agua del sistema subterráneo se ubica en 10.000 m3/d. Ello hace, para los primeros ocho meses, un volumen de 3 Hm3.

Conclusiones

La primera conclusión es que la salida de agua subterránea del sistema, ya sea por acción antrópica (abastecimiento público) y natural (efluencia subterránea), significa –siempre para el período de tiempo considerado- un volumen de tan sólo 75 Hm3.

De aquí que el exceso resultante (10.400 Hm3), se transforme directamente en ascenso del nivel hidráulico. Ello, se comprueba rápidamente considerando el ascenso promedio (3 m) que evidenció el agua subterránea en la región y una porosidad efectiva del 5% para el sedimento que aloja el agua infiltrada. Con ello, se llega al valor del exceso citado.

Con el planteo efectuado no se desea hacer un análisis empírico del fenómeno ocurrido durante 2012, sino denotar la incidencia de cada variable. En cuánto incide la extracción para suministro público, en cuánto incide la salida natural de agua subterránea del sistema y en base a la cuantificación de estas dos variables, poder comprender el por qué dicho exceso se traduce inexorablemente en ascenso del agua subterránea.

El análisis efectuado no tiene por objetivo definir que es primero: “el huevo o la gallina”. Queda claro que lo primero es la lluvia, no el agua subterránea. Ahora, como el porcentaje del agua de lluvia que se infiltra en subsuelo conforma, arealmente, una recarga fabulosa del sistema hídrico subterráneo; dicha recarga termina generando –por los motivos ya explicados- el ascenso vertiginoso del agua subterránea; y, al ascender ésta, lo que se limita cada vez más es la capacidad de infiltración de las lluvias que siguen cayendo, debido a la disminución progresiva de aquello que técnicamente se denomina capacidad de almacenamiento subterráneo, determinando ello que las nuevas precipitaciones –en un contexto de subsuelo saturado- se transformen directamente en inundación. Entonces, si bien la lluvia es el origen del problema y su consecuencia (inundación), el núcleo del problema es en realidad la disminución de la capacidad de almacenamiento subterráneo, que en ocho meses pasó de 5 m a 0,50 cm. Si esa capacidad de almacenamiento subterráneo, o sea la zona no saturada se hubiese mantenido en 5 m, ninguna inundación de extensión regional se hubiese materializado.

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