Las cinco familias que huyeron de la guerra civil en Siria y llegaron en 2014 protestaron en Montevideo por su situación. Aseguraron que no cuentan con los recursos para llevar una vida digna. "Queremos irnos", dijeron
En declaraciones a la agencia de noticias EFE, Ibrahim Alshebi, uno de los refugiados, aseguró que tanto él como el resto de los ciudadanos tienen dificultades para encontrar trabajo y mantenerse en un país que, afirmó, es muy caro y con sueldos muy bajos.
Por decisión del gobierno del entonces presidente José Mujica (2010-2015), en octubre de 2014 cinco familias víctimas de la guerra civil que sufre Siria desde 2011 fueron acogidas en Uruguay. En total suman 42 personas, en su mayoría niños.
La Casa San José de los Hermanos Maristas, ubicada en la periferia de Montevideo, fue el lugar donde residieron aquellos refugiados hasta que pudieron instalarse en sus viviendas definitivas, facilitadas por el Gobierno.
"Queremos irnos de aquí", aseveró Alshebi, uno de los pocos que se comunican en español, para decir que incluso no les importaría volver a Siria, pero que tienen dificultades para abandonar el país y además no pueden permitirse los pasajes.
En la plaza Independencia de Montevideo, lugar donde se encuentra la Torre Ejecutiva del gobierno uruguayo, que hoy sesiona en consejo de ministros, se establecieron con bolsos y maletas a modo de protesta unas 40 personas, entre adultos y niños, que integran las cinco familias que llegaron en octubre.
En mayo pasado, el ministro uruguayo de Relaciones Exteriores, Rodolfo Nin Novoa, reconoció que en torno a la acogida de los 42 sirios y también de los seis ex presos de Guantánamo que llegaron el pasado diciembre, hubo "falta de previsión".
Es por ello que la llegada de otras siete familias sirias -72 personas- que estaba prevista para febrero de este año fue postergada previsiblemente para finales de 2015 por decisión del gobierno de Tabaré Vázquez, que asumió la presidencia el pasado marzo.


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