Quedó un solo candidato moderado. Deberá enfrentar a 4 aspirantes ultraortodoxos.
Ayer, y después de una serie de presiones internas, se bajó de los comicios Mohamad Reza Aref, postulante moderado, que de ese modo le deja el campo libre a Hassan Rohani, quien tiene mayores posibilidades. Un día antes había ocurrido algo similar en el campo conservador: Gholam-Ali Hadad Adel, un principista islámico, abandonó su candidatura para beneficiar al favorito, Said Jalili.
Aref dio a conocer un comunicado donde admite que el ex presidente y actual líder del movimiento reformista, Mohamed Jatami, le pidió que dimita para que así se vea reforzada la candidatura de Rohani. “ Mi permanencia en la campaña presidencial no era del interés del movimiento, por lo que he decidido retirarme”, dijo el dirigente. Y le pidió a la población que “participe masivamente en las elecciones, para la grandeza de Irán, para crear una epopeya política y para mantener la dignidad de la República Islámica”.
Con la retirada de estos políticos, quedan cuatro candidatos ultraconservadores islámicos, un reformista y un tecnócrata aliado con los reformistas, Mohamad Qarazi, de quien también se dice que en las próximas horas podría renunciar en favor de Rohani. Como en Irán hay segunda vuelta si el candidato más votado no obtiene el 50% de los sufragios, los reformistas apuestan a forzar un ballottage. Sin embargo, los analistas consideran que en estas elecciones l a pugna queda circunscripta entre los candidatos del sector duro ultraconservador cercano al líder supremo, ayatollah Ali Jamenei, por lo que consideran muy escasas las pretensiones reformistas. Dentro de este movimiento, las figuras son ahora cuatro: Jalili, Mohamed Bqer Qalibaf, Mohsen Rezaei y Ali Akbar Velayati. Estos dos últimos están acusados por la Justicia argentina de ser autores intelectuales del atentado a la AMIA.
En esta etapa final de la campaña los reformistas centraron sus críticas en la política internacional ejecutada por el principal candidato de los ultraconservadores, Jalili, actual jefe de la Comisión negociador para el área nuclear. A su falta de flexibilidad le adjudican parte de la debacle económica que sobrevino tras las sanciones aplicadas por las potencias occidentales, quienes exigen inspeccionar el plan nuclear iraní.
Con estos argumentos, más los cuestionamientos a la política económica que impactó sobre la inflación y la desocupación, el campo reformista iraní intenta un tímido retorno a la escena política después del fracaso registrado en las legislativas de 2012.

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