Se está impulsando por estos días una nueva reforma de la Constitución de Río Negro. Por supuesto, mal que nos pese, el debate político se ha centrado en la posibilidad de que la reforma permita al Gobernador una nueva reelección o, tal vez, la reelección indefinida.
Pero aún así una cláusula de reelección indefinida resulta poco republicana. Las perpetuaciones en el poder nunca son buenas; ni en el caso de Franco, ni en el de Chávez, ni en el de Fidel, ni en el de Saiz. En la democracia no hay imprescindibles y todo gobernante debe dejar el poder antes de que sea demasiado tarde.
Algunos observarán -no sin razón- que la reforma propuesta no se agota en el tema de la reelección. Recientemente, un selecto conjunto de juristas e intelectuales -denominado "Grupo Residencia"- ha abogado por la necesidad de una nueva reforma que lance la provincia hacia el futuro.
No dudo de las buenas intenciones de los reformistas; pero sucede que las perspectivas de progreso de Río Negro y la calidad de vida de sus ciudadanos tienen mucho más que ver con la transparencia y la buena gestión del gobierno que con la letra de una nueva Constitución.
La vigente es, sin dudas, una excelente constitución y ordena, por ejemplo, que las cárceles serán sanas y limpias y constituyen centros de enseñanza, readaptación y trabajo (art. 23); que el Estado protegerá a los niños desamparados (art.33); a los ancianos (art. 35) y a los discapacitados (art. 36); que la administración pública será austera y eficiente (art.47); y que la salud y la educación son derechos esenciales de todos los rionegrinos (arts.59 y 60). Es decir, nobles intenciones que no siempre se cumplen.
Se pueden escribir cosas magníficas en una Constitución. Establecer principios justos, modernos y progresistas Eso no significa que los rionegrinos vayamos a vivir efectivamente mejor. Pero puede significar en cambio que vivamos muchos pero muchos años bajo el mando del mismo gobernador.
El autor es abogado y referente del sector Orgánico de la UCR
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