Salvador Navarría acaba de asumir como rector de la Universidad de Mendoza, en donde da clases desde hace 30 años. Cómo será su gestión.
En diálogo con Diario UNO aseguró que en su gestión buscará que empresas financien proyectos de investigación, afirmó que los docentes tienen que adaptarse a los cambios tecnológicos y rescató que los chicos de ahora sean desafiantes.
–¿Cómo llegó a la actividad académica?
–Siempre fue mi vocación. Yo estudié en esta universidad Ingeniería Electrónica, aunque me dediqué a la informática, porque cuando estudié no existía la informática. Pero si tengo una vocación marcada, es la docencia.
–¿Qué es lo que más le gusta de la docencia?
–Me gusta el intercambio con la juventud, es lo que más rescato. La frescura, las ganas, el tener toda la vida por delante y querer hacer cosas. Lo disfruto mucho, me divierte y me relaja.
–¿Por qué?
–Me olvido de los problemas, me enfoco sólo en la clase. La enseñanza no es sólo impartir una lección. Siempre digo que se trata de encontrar los dones que trae el chico para que se conviertan en una profesión.
–¿Qué cambios ha visto en los alumnos a lo largo de su experiencia en la docencia?
–Los chicos han cambiado y eso responde a un movimiento social. Pero creo que ellos no son los responsables, sino los docentes, que no han podido adaptarse a los cambios de la tecnología. Hay docentes que pretenden mantener al estudiante dos horas atentos a una lección, y el chico se aburre, entonces hay que buscar alternativas. Yo noto que a esta generación le gustan los desafíos, cuando uno desafía a un chico a un proyecto les gusta.
–¿Usted cree que es algo positivo que sean desafiantes?
–Por supuesto, hay que entender que es otra generación. ¿Por qué algunos quieren volver al joven de los ‘70? Eso es imposible.
La nueva gestión
Navarría llegó al rectorado de la Universidad de Mendoza tras 16 años de una misma gestión. El diálogo con este diario también sirvió para que él esbozara los lineamientos que se propone cumplir hasta 2014.
–¿Qué desafíos se plantea?
–Hay que lograr que la universidad se adapte a lo que pide la sociedad y no al revés, como ha sido hasta ahora. Es el medio el que pide un profesional. Vamos a tener que cambiar la relación de las empresas, la sociedad y el gobierno con la universidad. Sobre todo en América Latina y Argentina, porque en Estados Unidos y en Europa uno no puede imaginar un proyecto de investigación que se desarrolle en soledad. Acá es dificilísimo, prácticamente no hay patrocinantes en la universidad.
–¿Usted cree que hay falta de compromiso de las empresas?
–Es descompromiso y también desconocimiento de la empresa. Los empresarios todavía no se sienten seguros llegando a la universidad, piensan que va a ser burocrático, que van a dar muchas vueltas y que el resultado va a ser incierto. Creo que de a poco se va a lograr, pero va muy lento.
–Uno de los ejes de su discurso inicial fue fomentar la extensión, ¿cómo piensa hacerlo?
–Tenemos muchos convenios con universidades argentinas y del exterior. Con España, Estados Unidos, México y Brasil, pero hay que potenciarlos. Porque firmamos un convenio, tomamos un copetín, nos sacamos la foto y nos olvidamos. Hay que firmar un convenio marco, pero el mismo día uno en particular.
–¿Qué diagnóstico hace de la educación pública y privada en Argentina?
–Creo que la educación pública y la educación privada se están acercando bastante. Hay universidades privadas que tienen estructura similar a las del Estado, sólo que se paga una cuota, pero hay elecciones y no tienen dueños. Se subestima a la universidad privada, sobre todo por parte de las instituciones públicas. Hay que romper con esas diferencias, porque hay universidades públicas buenas y malas y universidades privadas buenas y malas.
Vamos al grano
–¿Le gusta Mendoza? ¿Siempre vivió acá?
–Sí, me gusta mucho. Siempre viví acá y soy muy apegado a mi provincia. Además, siempre tuve claro que quería terminar mis días aquí. Me parece que es muy difícil sentirse pleno en otro lugar. Hay gente que lo hace y es feliz así. Yo tengo un hermano que vive hace 25 años en Puerto Rico y sobrevive, pero creo que son maneras. Me gusta Mendoza, la cultura nuestra, el ambiente, quiero morir aquí también.
–¿Cómo hizo cuando viajó a estudiar afuera?
–En realidad tuve dos períodos muy cortos afuera. Uno en un programa de investigación en el Instituto de Max Planck, en Alemania, en donde estuve cuatro meses. Después estuve tres meses en Estados Unidos, un período en Miami y otro en Houston, como parte de mi doctorado.
–¿Cómo ve Mendoza actualmente?
–Hay que trabajar mucho para la provincia. Los que recordamos la Mendoza de cuando éramos chicos añoramos que íbamos a la escuela primaria y caminábamos cinco o seis cuadras de noche y pasábamos baldíos y nunca tuvimos un problema. Hoy dejar a un chico media cuadra da miedo, eso extraño mucho. Por eso la principal dificultad es la sensación de inseguridad. Yo lo veía en Europa, que voy seguido. Tenemos casas, vehículos parecidos, pero allá hay seguridad. Tienen seguridad personal, tienen seguridad previsional, porque saben que se jubilan y tendrán una jubilación digna, seguridad en la salud, acá se respira siempre inseguridad.
–¿Cree que es una sensación?
–Es una sensación que se fundamenta en lo concreto. Es como sentir temor, hay algo que produce el miedo. Me preocupa porque hasta no hace mucho no lo sentíamos.
–¿Qué puede hacer la universidad para revertir eso?
–Puede hacer mucho en los centros de educación, porque la inseguridad está pasando por la educación y esto es desde la primaria. No se resuelve con más policías o más gendarmes en la calle, sino con la educación, pero también se va a resolver si no hay hambre, porque si hay hambre, no se puede estudiar. La universidad tiene que demostrar que la educación es el camino apropiado para encontrar soluciones.
–¿Cómo ve la cultura en Mendoza?
–Creo que la cultura en Mendoza está creciendo, avanzando bastante. Hoy podemos ir a ver una exposición de cuadros, escuchar una ópera en el teatro Independencia, escuchar música clásica en el parque. El año pasado fui a ver un cuarteto de cuerdas de Francia y estaba llenísimo y no eran todos turistas.
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