En la ciudad de Neuquén comenzó este año la campaña para recoger ese tipo de basura y tratarla en otros puntos del país.
Estos residuos, sobre los cuales actualmente en Argentina no existe ninguna ley que regule su forma de tratamiento, son conocidos como RAEE (Residuos de Aparatos Electrónicos y Eléctricos). En la ciudad, este año se inició, a través del Municipio y la empresa Cliba, una campaña para recolectarlos y tratarlos luego en otro punto del país.
En sólo cuatro meses se recolectaron unos 1.000 aparatos y hay una estimación de sumar otros 800 en los próximos meses. De la totalidad de lo que se juntó en los puntos que tiene la comuna de acopio, más lo que Cliba buscó en instituciones y empresas, el 35 por ciento fueron notebooks y procesadores o CPU, y el 19 por ciento, monitores y televisores. El resto se dividió en impresoras, fotocopiadoras y faxes (14%), teclados (8%), mouses (10%), aparatos electrónicos (11%) y aparatos eléctricos (3%).
En la ciudad surgió la idea de recolectar estos residuos desde el Municipio y con la propuesta de la empresa a cargo de la recolección de basura, Cliba, quien a través del sistema de responsabilidad social empresaria se hizo cargo del tratamiento sin costo alguno para la comuna.
El proceso
Por el momento, en la capital neuquina no hay una planta de tratamiento de estos residuos, por lo que Cliba los recolecta, los acopia y los envía a otra empresa localizada en Córdoba, perteneciente al mismo grupo donde es tratada.
La recolección se hace en cuatro puntos que tiene el Municipio distribuidos en la ciudad. En el caso de grandes dimensiones de desechos, Cliba pasa por las empresas o instituciones y los recolecta. El acopio se realiza en la planta que la empresa posee en el parque industrial y luego comienza el proceso.
Durante el tratamiento, algunas partes son recicladas y otras transformadas. Para el desarme, la empresa tiene procedimientos específicos, entre los que se establece cómo desarmar cada uno de los residuos electrónicos de acuerdo a los componentes que lo integren.
En Neuquén se realiza una primera clasificación de los residuos, y luego se da inicio al proceso de desarme, separación de plásticos, metales y los distintos subproductos. En este proceso, todos los componentes metálicos, como por ejemplo las carcasas, se compactan y se enfardan, de la misma manera que se hace con el reciclado de plástico que se tritura en máquinas y se realizan los denominados pelets, que son como bolitas de plástico que luego se usan para fabricar otros productos.
Desde la empresa también se informó que los componentes internos compuestos por las plaquetas y microprocesadores son enviados al laboratorio de investigación y desarrollo que tiene BRA (Benito Roggio Ambiental), con el fin de transformar estos elementos. “En ese laboratorio, un equipo de profesionales está estudiando distintas alternativas de recuperación de metales y transformación de las placas y procesadores, para obtener subproductos que sirvan de insumos en diferentes sectores industriales, es decir que se busca la valorización del residuo”, dijo Gaston Bally, gerente regional de BRA en la Patagonia.
“En todo el proceso hay una fracción mínima de residuos que no son recuperables, o que por sus características requieran otro tipo de tratamiento; por ejemplo, las pilas y tonner, que se encuentran identificados como residuos peligrosos. Estos residuos son tratados como tales garantizando una disposición final adecuada”, agregó.
Paola Guerrero, directora de Ambiente del Municipio, contó que la campaña se inició a fines de noviembre con una prueba piloto de un mes y que luego de la buena recepción por parte de la gente se decidió dejarla en forma permanente.
“La idea surgió en coordinación con la Municipalidad de Neuquén junto a Cliba, que nos ofrecieron hacer esto. Está funcionando muy bien: cada dos semanas se completa el container y viene un montón de gente a traer cosas”, contó la directora, quien aclaró que la campaña está dirigida a toda la población.
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