Por Julián Fragueiro
Esta semana la ciudad de Mar del Plata recibió nuevamente los cortes y los neumáticos encendidos de sectores que tienen reclamos específicos y variados.
El jueves, frente a la municipalidad en Luro e Irigoyen, un grupo de vecinos del barrio Las Américas comenzó un acampe que llega al fin de semana, con carpas y pasando la noche, exigiendo que la comuna construya 59 viviendas, todas de una vez, y que además pueda cooperativizar a algunos de los hombres y mujeres que participan del acampe.
A 200 metros de la comuna, también el jueves, cientos de integrantes de la comunidad educativa del Colegio Illia le reclamaban al rector Morea por una serie de recortes sorpresivos en sus sueldos. Saben del deseo de la gestión actual de producir ciertos cambios en el colegio, pero jamás hubieran pensado que les iban a cortar de un saque el 80% del salario. Piden la devolución del dinero, y que si hay cambios, sean en acuerdo con los docentes y sin recortar horas, ni suspender talleres, campamentos u horas transitorias. Hablemos de cambios, nuevos proyectos, pero no me saques un mango.
Miro el panorama, y me pregunto qué visión del Estado tienen los que reclaman. Para el vecino de Las Américas, el Estado debe darle casa, trabajo, subsidio, protección, salud pública de calidad, previsibilidad y seguridad.
Para el docente del Illia, el Estado tomó una medida inconsulta, inadmisible en la certidumbre que da el empleo público. Por eso la conmoción, que una universidad haga lo que habitualmente puede hacer un empleador privado, descoloca. Ese docente le pide al Estado status quo, sueldos altos, aumentos garantizados, pago el primer día del mes, ser un empleador laxo, jubilación al 82% del último sueldo, participación en todas las determinaciones sobre la marcha del establecimiento. Me pregunto: ¿Quién manda? ¿Quién gobierna sobre quién?
La teta enorme del Estado no tiene leche eterna. No alcanza nunca la sábana para cubrir a todos. Es inevitale llegar al equilibrio. Quizás llegamos todos al momento de plantear el punto medio: Ni el Estado ausente de los noventa, ni el Estado monolítico, omnipresente de mitad del siglo pasado. Un Estado lógico, que decida prioridades. No hay para todos, y cuando hay, primero hay que ir al auxilio de los sectores más desprotegidos. Nada más, nada menos...

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