El espacio verde, conquistado por los vecinos hace más de 30 años para recordar a los artistas populares, perdió su identidad luego de la remodelación efectuada por el Municipio.
La nota sobre la desaparición de la baldosa de Gilberto “Beto” Mesa, que se había colocado en la entrada de la Escuela Nº 1, tuvo una rápida respuesta. En un breve comunicado, el Municipio explicó que el mosaico se encontraba en perfectas condiciones y que una vez finalizada la obra de refacción de la vereda de la institución educativa, volvería a su lugar. Pero la inexplicable ausencia de los cuatro bustos de los trovadores en la plaza que lleva su nombre en el barrio Las Morochas, que desde la remodelación de la misma están ausentes, sigue sin ser explicada.
Los bustos de Luis B. Negretti, “Mataco” Saborido, Segundo Quiroga y Agustín Magaldi fueron emplazados en el barrio Las Morochas hace más de 30 años por una iniciativa de vecinos del lugar, entre los que estaban Neldo Camún y Luis Acebal, quienes quisieron que ese espacio verde, que se encuentra a metros del club Mariano Moreno, sirva como homenaje a los artistas populares.
Laura, la hija de Acebal, publicó en su cuenta de Facebook que el espacio era para “recordar a artistas populares, poetas”, muy característicos en el barrio, para que la gente que pasara por calle Chile, entre Winter, Guido Spano y el pasaje Saborido, supiera que “ninguno de los que estaban en esa plaza era héroe nacional, con el mérito que entraña, sino que habían sido humildes poetas que nos habían iluminado el alma a todos”.
Más adelante, la mujer señaló: “Los sacaron un día y no los volvieron a poner en sus lugares, en un claro mensaje de lo poco y nada que importa a ciertas personas homenajear y honrar a los artistas populares”.
Como si esto fuera poco, cuando repintaron los carteles señalizadores de las calles (el azul le dio paso al verde), el pasaje Saborido (autor de numerosos tangos y de la marcha del Club Atlético Sarmiento) fue rebautizado como “Saborino”. Si bien es una sola la letra, a metros de la familia del poeta parece una burla.
La plaza quedó remozada, limpia, con amplias veredas de cemento y mucho verde. La remodelación se hizo, también, a pedido de los vecinos, que veían como pasaban de largo en las acciones del progreso.
Pero el avance trajo aparejada la desaparición de los trovadores y con ellos la esencia misma del lugar. El barrio perdió un pedazo de su identidad, ya que las obras, en parte, eran obra del reconocido escultor juninense César Scioli.
En Las Morochas esperan una respuesta por parte del municipio. Los vecinos adelantaron que están preparando un petitorio y una juntada de firmas para que los trovadores regresen a su lugar y, con ellos, las musas.
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